14.- Cartas

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Estaban en la azotea de la academia.

El frío envolvía a los jóvenes de ojos hinchados y narices rojizas.

La mayoría cargaban en sus manos las últimas palabras de su compañera, ya que después de una plática después del funeral se enteraron de aquellos recados que dejó para cada uno de los miembros.

Algunos de estos fueron encontrados en su recámara y no entregados por ella personalmente.

Estaban en círculo, expectantes a lo que sucediera.

— Yo ya leí la mía – comentó tomando un trago a su botella el ojiverde – Desearía que ni siquiera me la hubiera dado – una mueca en su rostro era lo que había junto a sus ojos cristalinos.

Las miradas de desaprobación se hicieron presentes, también las de pena y otras solo se encogieron.

Sabían que las palabras de Klaus no eran ciertas, simplemente era el dolor hablando por él.

— Leeré la mía primero si quieren – propuso el rubio, tratando de iniciar la dinámica que tenían planeada.

Sacó la hoja doblada del blanquecino sobre de papel y con las manos temblorosas deshizo los dobleces.

Respiró de manera profunda, tratando de encontrar valor pues el simple hecho de abrir el delicado sobre ya le había provocado un nudo en la garganta.

Querido, Luther

Asumo que estás leyendo esto después de mi muerte, tal vez buscando una respuesta o algo de consuelo en esta carta, así que te lo daré.

La respuesta al por qué de mi incidente es tan sencilla como un
«Así tenía que pasar»

Así lo dictaba el tiempo, así lo dictaba el mejor futuro para los umbrella.

Sé que te es difícil de ver, spaceboy...”

Su voz flaqueó ante el apodo, perdiendo volúmen y ganando sensibilidad, obligándolo a tomar una pausa para seguir leyendo sin romper en llanto.

“...pero era lo mejor para todos.

No tenías que ser tú

Tampoco podías hacer nada al respecto.

Créeme cuando te digo que eres un buen líder y también cuando te digo que puedes mejorar.

Fue un honor ser parte de tu equipo, así como lo fue que me consideraras tu familia.

Nos veremos de nuevo algún día, número uno.

Sigue haciendo lo de siempre.

Sigue cuidando de los que amamos

– Con cariño, Iracebeth ”

Bajó la carta de su vista, perdiendo la mirada en un punto vacío, comenzando un ligero llanto.

— Yo no... p-pu p-uedo – expulsó con la cabeza gacha número dos, mordiendo sus labios en forma de reproche para sí mismo.

Se sentía tonto por no poder recitar las últimas palabras de una de las personas que más apreció.

Hubo un pequeño silencio acompañado de miradas siendo intercambiadas, hasta que las cálidas manos de su compañera llegaron a las suyas.

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⏰ Última actualización: May 25, 2022 ⏰

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