Capítulo 2

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Jackson Romanov


Despierto con un mensaje de Nick comunicando un inconveniente en una de nuestras bodegas con el tema del armamento. Al mirar la hora en que fue entregado he de suponer que lo ha de tener resuelto.

Salgo de mi habitación luego de ducharme, cepillar mis dientes y colocarme algo cómodo pero no informal.  Al llegar a mi oficina lo miro sentado en mi silla con mi laptop abierta.

— Aquí es donde me dices que el idiota del armamento está muerto.— Tomo asiento enfrente suya tomando el café que está sobre el escritorio.

—¿Te bañaste? Hoy te ves más atractivo de lo común — trata de desviar el tema.

— No me desvíes el tema Nick.—suspiro cansado.

— ¿Sabes que te quiero verdad? 

— Tienes una puta hora para encontrarlo e interrogarlo.— Me levanto de la silla tomando mi maletín.

Al salir de la oficina Sabrina me intercepta recordándome la reunión con Russo sobre los nuevos términos de la mafia negra con la francesa.

Mi mente me juega una muy mala jugada al hacer que vuelva a mi mente lo hermosa que se veía anoche.

Al parecer no la recordaba tan bien.

Muevo un poco mi cabeza intentando volver al presente. Bajo las escaleras para pasar por la cocina tomando una manzana de las que se encuentran en la encimera. Al terminar de comerla boto el residuo para encaminarme hacia mi garaje y subir a uno de mis deportivos.

Conduzco por la ciudad, la cual hoy está más transitada que nunca. Paso los semáforos llegando al edificio del imperio Russo. Parqueo, abro la guantera sacando unos lentes negros y por supuesto mi pistola. Me coloco los lentes y la pistola dejo en mi pantalón.

Subo las escaleras del edificio y las puertas se abren dejando que el aire acondicionado mueva mi pelo de forma ligera. Los hombres de Russo me indican que pase entrando a una de las oficinas de la planta baja.

Toco la puerta para luego entrar, mis ojos pasan por su cuerpo, lleva puesto unos jeans casuales y una playera blanca con el pelo recogido en una coleta que cae en sus hombros. 

Si que Brainstrong le ha afectado.

— Si esperas que te diga que te sientes, te vas a quedar parado.— dice la chica haciendo que tome asiento por voluntad propia.

Confirmado.

— Al parecer La amabilidad no es ni ha sido muy propia de ti, Melany Russo.— Digo, sabiendo que tampoco es propia de mí en muchos aspectos.

— También conozco que no es lo suyo, no veo por qué se queja, señor Romanov. 

— Cuanta formalidad.—me quito los lentes de sol.—Puedes llamarme Jackson.

Asiente levemente, toma asiento frente a mi. Saca unos planos donde proyecta su visión para el nuevo contrato de las rutas. Leo todo con atención y la escucho. Presenta buenas ideas, claro, si el Imperio Flenter estuviera en funcionamiento, aun así, creo que puedo hacerlas funcionar.

Estimo unas dos horas conversando y en parte discutiendo sobre las rutas, me ha convencido. Y en parte me da la ventaja, los Russo son los mejores creando drogas, tenerla a mi favor me viene mejor.

— Melany, te enviaré las demás pautas. En otro tema, fue agradable volver a hablar.— digo levantándome.

— Lo mismo digo, Jackson. 

Tomo su teléfono de su mano anotando mi número, le entrego el mío para que coloque el de ella.  

—Nos veremos pronto, Russo.

—Cuenta con ello, Romanov.

Salgo de la oficina directo hacia mi casa aún hay asuntos que debo resolver.

Estaciono enfrente dejando las llaves con uno de mis hombres para que lleven el deportivo al garaje. Entro a la mansión dirigiéndome a la sala de interrogación donde el idiota de Nick ya ha de tener lo que necesito.

Alza la mirada al verme llegar, miro hacia la derecha encontrando al tipo medio muerto.

 —Siempre fuiste mi favorito. ¿Sabías?—medio sonrío.

— Qué jodido hipócrita eres Romanov, pero aun así sé que sí, es decir, soy el mejor después de todo.— se adula.

— Como sea.—me acerco viendo al tipo.—¿Qué sabes de él?

— Solo que trabaja para la italiana, que vino para quemar la bodega de forma de advertencia y para matar a la nueva líder de la Francesa, pero al parecer ni llego a hacer su segunda misión— responde con aparente orgullo.— La italiana debería contratar a gente más efectiva.

— Encárgate de él— le respondo con simpleza y él asiente mandando a los demás a que terminen de matarlo.

— ¿Cómo te fue con Russo?— pregunta en modo chismoso.

— Supongo que bien.—paso una mano por la parte trasera de mi cuello.—Llegamos a muchos acuerdos, creo que ella tiene asuntos con la bratva, se me olvidó preguntar acerca de eso.

Aun así es una oportunidad de verla.

— Si quieres te investigo.—golpea mi hombro.

— No, está bien, si tiene acuerdos hablará conmigo de todos modos.

— Le quitas lo divertido a mi trabajo.

Niego con una sonrisa en el rostro, como le encanta la vida ajena. Salgo del cuarto de interrogación, decido ir a despejar un poco la mente y pensar en lo que ha sucedido hoy con la mafia italiana, ¿qué se trae en manos?

Tomo asiento frente al lago y tiro algunas piedras mirando el movimiento que produce más el cielo reflejado en él.

Suspiro al sentir mi teléfono vibrar en mi bolsillo, al ver el nombre no contesto la llamada hasta que se repite unas cuatro veces.

Deberías aprender a captar indirectas.



La Mafia Negra #1 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora