Capítulo 6

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Jackson Romanov 


¿En serio no había otro momento para el llegar? Estoy por ir a Italia y ahora tengo que ocuparme de mi hermano, sinceramente no me hubiera molestado haber sido hijo único.

— ¿Dónde está?

Nada más termino de formular la pregunta y en mi campo visual aparece mi hermano.

—Me sorprende que no hayas muerto aun.—sonrío con ironía.

—Grandiosa bienvenida que me das hermano, la última vez que vine me recibiste con una arma apuntando hacia mi cabeza, estamos progresando.—dice esperando un apretón de manos, el cual ignoro.

— Ni mereces que gaste mis balas es ti.

—Tú nunca cambias jack.— me dice con una sonrisa.

¿Qué dijo?

—En tu vida me vuelves a llamar Jack.—mi expresión se endurece.— Entonces... ¿Qué diablos haces aquí?—preguntó para ir directo al punto.

— Romanov... Tenemos una llamada de Russo.- dice Nick interrumpiendo.

Me pasa el teléfono y atiendo.

Al parecer todo se coordinan para molestarme.

¿Dónde estás?dice ella con la voz entre contada.

¿Ahora tengo que decirte donde estoy?

Maldita sea, dime dónde diablos estás.- dice y suenan disparos de fondo lo que me hace fruncir el ceño.

- Estoy en mi casa ¿Dónde estás? Suenan disparos de fondo.

- Dime algo que no sepa.—responde con ironía y me planteo la idea de colgarle.— Necesito tu ayuda, los Italianos me han dado la bienvenida. cuando termina de hablar se escucha como dispara.

Voy para allá.

Termino de decir y al instante cierro la llamada y recibo su ubicación.

—Nick, tenemos que ir a la bodega que está en la séptima avenida, específicamente la 376.—asiente alistándose para partir.

—¿Me van a dejar aquí?—Ruedo los ojos.

Por más que lo odie es mejor llevármelo a que se quede.

- Maldición ... Vamos.- Nos dirigimos hacia el estacionamiento y nos subimos a la Ranger Rover blindada, Nick va conduciendo y yo voy en el asiento del acompañante, Michael va atrás.

—¿A quién vamos a buscar? — pregunta Michael.

—¿Vamos? Que quede claro que no te bajarás del vehículo. 

—Exacto, bajamos Jackson y yo.—menciona Nick en forma de burla.

—También te quedas idiota.

—Me caías mejor antes, Romanov.—me mira mal para luego dirigir su mirada a la carretera.

Llegamos al lugar y veo que hay tres camionetas con hombres disparando y claro, con el logo de la italiana. No alcanzo a ver a Melany, salgo para poder tener una mejor vista de donde está, al verla me acerco disparando a los imbéciles mientras me acerco a ella.

—¿La señorita ya aprendió a andar con escolta?.- inquiero enarcando una ceja.

—Quizás.—me coloco al lado de ella y le ofrezco otra arma.

—Gracias. Espero que hayas traído municiones, porque esos tipos saben disparar rápido y con precisión. Eran ocho, acabé con cuatro con las pocas balas que tenía. Vamos a necesitar velocidad: la única forma es dispararles en la cabeza casi al mismo tiempo. ¿Eres rápido disparando? —me pregunta, mirándome directo a los ojos.

—Si te digo la verdad, pensarás que soy un narcisista... pero sí. Puedo decir que soy el mejor.

—Qué presumido eres —responde con una risa breve—. Entonces hagamos lo que mejor sabemos hacer.

Nos damos una última mirada, giramos en direcciones opuestas y disparamos a matar. Uno cae, luego el otro, y después los demás. El área queda despejada.

Nos dirigimos al vehículo y subimos. Veo cómo mi hermano observa a Melany con esa mirada que conozco demasiado bien. Nick arranca y tomamos rumbo a mi casa. Sé que en su casa ella no estará segura, y tampoco creo poder protegerla si está lejos de mí. Aunque claro, tendrá que darme una explicación de por qué llevaba solo cuatro balas y sin repuesto.

El camino se hace eterno, quizá por el silencio que reina. Al llegar, todos bajamos y nos dirigimos a la sala. Ordeno a los guardias que salgan, quedando solo Nick, Michael, Melany y yo.

—Tienes un minuto para explicarme por qué demonios estabas sin municiones y con apenas cuatro balas —digo, sirviéndome un vaso de vino y llevándolo a mis labios.—Además te recuerdo que soy líder de un imperio no tu niñero.

—Lo tendré en cuenta, lamento las molestias, señor Romanov.

¿A caso le pedí que se disculpara?

—No me has respondido.—recalco.

Me mira y de inmediato noto que hay algo más de fondo.

—Solo fue un descuido.

Asiento para nada convencido pero decido no gastar más mi energía en ello y decido salir al jardín, tomo asiento en el sillón mirando el atardecer que adorna el cielo. 

Debo de concentrarme en Italia y Bianchini, la presencia de Michael solo es una ligera distracción que espero que se acabe pronto.

Siento la interrupción de mi paz al escuchar mi nombre.

—Jackson.

—Habla.—pido inmediatamente.

Se sienta a mi lado pero no me mira, mantiene sus ojos en el paisaje.

—Sé que no te importa.—así es.—Las cosas no son como esperaba luego de tanto tiempo, si bien es cierto que el imperio Russo es mío, siempre hay desacuerdos. Jonathan es uno de ellos, discutí con él antes de enfrentarme con la Italiana por eso no pude defenderme ni llamar a nadie de mi mafia.

¿Así que el Russo tiene problemas? Vaya regreso.

—Siempre hay esos tipos de problemas y más que se han acostumbrado a estar sin ti. Si me permites darte un consejo.—asiente y continuo.—Quien lidera el imperio eres tú, ya es tu decisión dejarte joder. No pensé que tendrías esos problemas.

—Qué haya tenido problemas de conducta no significa que vaya a asesinar a quien me molesta.—dice con sinceridad.

—Solo suposiciones.

—Gracias por cierto.

—No hay de que, Mel.


La Mafia Negra #1 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora