Capítulo 14

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Sam Lanssere

La paciencia de Melany, al igual que la mía, se agotaba con cada segundo. Daimon seguía negándose a firmar el documento de pertenencia, y su resistencia me hervía la sangre. Estaba a nada de perder la calma y acabar con él allí mismo.

Mel quita el seguro del arma y le apunta a la pierna.

—No te aconsejo tentar tu suerte.—sonrío orgulloso ante su tono despectivo.

—Haz lo que quieras.—la reta.

Dispara dos veces en la pierna, el grito que suelta es tan fuerte que me hace tapar mis oídos. Vaya cobarde, ni un tiro aguanta.

Le arrebata el bolígrafo firmando el documento. El imperio volvió a donde pertenece.

La puerta se abre y mis compañeros ingresan a la habitación, por lo menos no tendré que cargar con dos cadáveres.

— ¿Qué diablos está pasando?— pregunta Rick apuntándole a Melany.

Me levanto y le apunto a Rick, Melany retrocede y choca con mi pecho.— Como dispare lo mato.— digo, ella da un paso al frente con su arma apunta a Daimon.

— Baja el arma Rick.— Él se acerca más, se pone detrás de la silla de John.

— Melany, baja el arma y deja a John libre.— demanda Rick.

 ¿Qué droga se fumó ahora? ¿Y por qué no me dio?

— Rick... ¿Qué diablos crees que haces?—menciono ante su estupidez.

— Defiendo a mi líder.— He escuchado a Rick decir tonterías, pero esta es la mayor de ellas.

De un momento a otro John se suelta tomando una arma que le da Rick y me apunta, Dilan está confundido con todo, es el único aparte de Daimon que no está apuntando a nadie, en un movimiento rápido Rick coge como rehén a Dilan.

— Bajen el Arma o muere.— Creo que estamos muy grandes como para estar cogiendo a personas de rehén.

No tenemos opción, ya que según Melany la vida de Dilan es importante, bajamos las armas, Rick y John logran salir disparándole en la pierna a Dilan.

— Tranquilos estoy bien.— dice cortando una parte de su ropa para hacer un torniquete para parar la sangre.

— Te dije que no tenías los huevos para matar a tu padre o hermano.— Joder como detesto la voz de ese Hombre.

— Hablas mucho.— dice jalando del gatillo dejando sin vida a su padre.

— De tus mejores decisiones.— suspiro.

— Vámonos, luego tendré tiempo para mediar con ellos.

Salimos de la cabaña cargando a Dilan, termino de entrarlo en el vehículo, de entre los arbustos sale el conductor de Jonathan, Mel lo ve y no espera a que él diga algo y le dispara.

— Necesitas calmarte.— determino.

— Sabes donde dejarme.

Subo en el vehículo, rumbo al campo de tiros recuero la primera vez que fui ahí, es un lugar apartado del mundo, espacioso, tranquilo y lo más importante es que te puedes desahogar sin herir a alguien inocente.


Melany Russo


Necesito ir al campo de tiros para poder despejar la mente, poder olvidar cosas que sé que si las sobre pienso me pueden afectar y mucho.

En menos de una hora llegamos al lugar. Sam me deja sola yéndose hacia la mansión Russo.

Voy directo a mi lugar favorito, saco mi arma y comienzo a disparar, siento como cada problema y mala energía se va junto con la bala que sale de mi arma.

Ya voy por mi cuarto cartucho y aun así me siento como si me estuviera asfixiando, la ansiedad me está matando.

Siento algo detrás de mí, así que me volteo encontrándome con unos ojos marrones cuáles conozco perfectamente.

— No deberías gastar balas, por si te hacen otra emboscada.— sonríe de lado.— No he sabido de ti durante un tiempo.

— He estado algo ocupada recientemente.— entra sus manos a sus bolsillos delanteros, se acerca un poco, lleva puesto un traje negro, al parecer salió de una junta.

— Me he enterado de todo lo que paso, ¿estás bien?— se pasa las manos por el cabello.

— Sí, pero no estás aquí para preguntar me como estoy, durante el tiempo que pase contigo pude aprender que no eres una persona que se preocupa mucho por los demás.— doy un paso hacia atrás.

— En una parte tienes razón, no me importan mucho las personas, y si vine a saber como estás, Sam me dijo que te había dejado aquí y si no mal recuerdo me dijiste que vienes para olvidarte de toda la mierda en la que estás metida.— vuelve a acercarse.

Me limito a asentir.

— Quizás luego sientas el peso de lo que has hecho. Recuerda que la Bratva te debe una, la usas cuando desees.

Lo miro, por mucho que no quiera involucrar a nadie más, nunca está de más pedir ayuda, y más que no conozco tanto de la mafia por mis años de ausencia, quizás tenga más destreza para matar, pero eso no quita el hecho que solo tengo los antiguos conocimientos.

—Gracias, Jackson.

—No es nada, solo ayudo a un imperio.

La Mafia Negra #1 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora