—Madre mía, cuánto lo siento. No te vi y me fui encima de ti. ¿Estás bien? –pregunta aquel tono masculino, febril y encantador.
Sus ojos son tan azules, y sus labios tan carnosos y húmedos…
No puedo creer que estoy frente a frente, mirando al vecino que no puedo dejar de observar mientras folla como una bestia a todas esas mujeres, mientras que deseo ser una de ellas, o cada una de ellas.
Él es más encantador de cerca. Ahora puedo detallar cada átomo de su belleza.
Hay una pequeña barba de dos días incipiente en su rostro, haciendo que su mandíbula sea más cincelada. Su cuerpo es más grande, su aroma es…
—¿Estás bien? –repite.
—Eh, si claro. –respondo cuando me doy cuenta del frío en mi blusa.
Miro hacia abajo, mi sujetador negro comienza a verse tras la transparencia que mi camisa manchada con café genera.
—En serio lo siento. –vuelve a decir, y yo vuelvo a quedar borracha con ese tono de voz tan grueso.
Tal cual lo he imaginado cientos de veces cuando me masturbo mientras lo observo.
—No te preocupes. Fue mi culpa, no debí ponerme tan cerca de ti. –digo, relamiendo mis labios. —Deberé cambiarme ahora.
Comienzo a alejarme hasta poder tirar de la manija de la puerta y una vez que estoy en la acera, el viento frío golpea mi rostro, dándome el aire que necesito y que he perdido allí dentro.
Una mano fuerte jala de mi brazo hasta que gira completamente mi cuerpo.
Su mirada vuelve a cegarme por completo y mi sangre vuelve a ese punto de ebullición.
—Oye, al menos deja que te pague una camisa nueva. –propone, y me muestra una sonrisa moja bragas.
—Uhm, no hace falta. En serio está todo bien. –respondo tratando de no contener el aliento.
Él asiente detenidamente con la cabeza y luego se encoge de hombros.
—Entonces cena conmigo, no quiero que pienses que soy un capullo al que no le importa nada.
Trago saliva al mismo tiempo en que mi corazón se acelera y mis rodillas tiemblan. ¿Una cena? ¿Es en serio?
Mi mirada lo recorre lo más que puede sin parecer maleducada. Vuelvo a sus ojos intensos y le regalo una sonrisa apenada.
—Lo siento, no ceno con desconocidos.
Me alejo una vez más y me doy la vuelta, caminando hacia el edificio que tan cerca y tan lejos parece estar de mí. Me meto en el elevador y jadeo el aire que tanto me cuesta recibir.
¿Qué mierda ha sido todo eso?
••••
Dos días después sigo repitiendo en mi mente aquel momento. Se me ha hecho muy difícil no pensar ni recordarlo. Sin dudas prefiero verlo de cerca.
Mis pies chasquean sobre el suelo a medida que avanzo por la acera, la música de Aerosmith retumba en mis audífonos mientras que el viento golpea mi rostro. Llego a una pequeña plazoleta y comienzo a darle vueltas mientras troto. El aire quema en mis pulmones una y otra vez, cada vez que respiro.
Necesitaba una distracción de él. Necesitaba poder salir de aquel departamento que solo parece aumentar mi libido. Aunque en realidad no puedo culpar de eso a un maldito espacio.
Debería culparlo a él. Pero tampoco es culpa suya, sino completamente mía. Y acepto la condena al infierno ante tal pecado. Me lo merezco, pero no puedo evitarlo.
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Desconocido
FantasyOlivia se muda a su primer departamento en Manhattan. Todo marcha perfectamente bien, hasta ese segundo en el que mira hacia por la ventana. Frente a su edificio puede tener la vista exclusiva de todo lo que realiza su increíblemente apuesto vecino...
