Capítulo 20

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*Historia creada/escrita por Chispasrojas [Beatriz Ruiz Sánchez]. Si quieres apoyar a la autora, puedes encontrar contenido exclusivo y los capítulos anticipados en Patreon.com/chispasrojas.

Capítulo 20. Y si hubiera un para siempre

Jungkook había detenido el auto en doble fila para comprar unos pasteles de nata y frutas del bosque. Regresó con una bolsa de papel que le entregó a Taehyung, y volvió a tomar el volante. Condujo de vuelta a la cabaña cautelosamente, la calefacción estaba puesta, templando el ambiente.

—Voy a engordar. Tendremos que retomar los entrenamientos, ¿comida coreana y dulces? —suspiró Taehyung tras inspeccionar la bolsa.

—Quería que tuvieras un cumpleaños humano. Un cumpleaños de verdad, no como el año pasado —dijo Jungkook al volante, ligeramente sonriente.

—Eh, ha sido perfecto —aseguró Tae, tocándole el antebrazo desde el asiento—. Estar contigo es perfecto.

El pelinegro compartió una dulce mirada con él. En el plazo de tiempo en el que regresaban, Taehyung estuvo hablando sobre la comida, sobre Dikburg y la gente de allí. Parecía estar feliz, no quedaba rastro alguno de los ojos llorosos que antes le habían mirado, estaba plenamente recuperado.

En menos de una hora, estacionó frente a la cabaña. Taehyung salió con las llaves en la mano y la bolsa en la otra, corrió hacia el porche y desbloqueó la puerta evadiendo el frío exterior. Jungkook bloqueó el vehículo, iba tras él más tranquilamente. Cerró la puerta, Taehyung ya estaba colgando el abrigo, y deshaciéndose de las botas junto a la entrada.

—¿Tenemos velas?

—Tenemos por ahí —señaló Jungkook, se deshizo del abrigo y lo colgó del perchero.

Taehyung había colocado los pasteles en un plato, tenían una buena montura de nata y frutos esparcidos por encima. Le clavó unas velas de cumpleaños y luego las prendió con un encendedor. Jungkook salió del cuarto de baño tras lavarse las manos, sus comisuras se curvaron al ver las pequeñas velas encendidas. Sólo había tres.

El mayor agarró la guitarra, se acercó al sofá para sentarse, ligeramente inclinado sobre el instrumento que posó en sus rodillas. Sus yemas pasaron con suavidad por encima de las cuerdas, tocó unas cuentas notas que resonaron en el salón melódicamente, en lo que Jungkook tarareaba algo.

Y Taehyung adoraba, adoraba profundamente verle tocar la guitarra. La forma en la que su rostro se serenaba, sus dedos largos y pálidos tocaban las cuerdas, y sus párpados rasgados, entornados, formaban una línea de pestañas oscuras que le alejaban del mundo de los mortales. El más joven dejó los pasteles en la mesa de café. Se deslizó a su lado con un rubor de mejillas.

—No me avergüences, por favor. Detesto las canciones de cumpleaños.

—Pide un deseo antes de que suceda —dijo Jungkook con diversión.

Taehyung cerró los ojos, sopló y apagó las velas. Después, se deshizo de ellas rápidamente, dejándolas a un lado del plato. Agarró el pastelito y se lo acercó a Jungkook, pidiéndole que mordiera él primero. Él lo hizo, con los iris puestos sobre Tae. Sus labios acariciaron la nata en un mordisco, sabía a mermelada de frambuesa y frutos rojos. Jungkook se relamió, el muchacho le pasó el pulgar por la comisura de los labios.

—¿Está rico?

—Dulce. Te gustará.

El más joven no se demoró en darle un buen bocado. Se lo terminó de un tercero, llenándose las mejillas de pastel. Jungkook estuvo tocando la guitarra despreocupadamente durante unos minutos y luego la apartó para tener a Taehyung en sus brazos. Él se sentó cómodamente de medio lado, con las piernas extendidas, el hombro presionando contra el pecho de Jungkook y la cabeza junto a su clavícula. El pelinegro le rodeaba la cintura con un brazo, su mano libre se deslizaba por encima del muslo suavemente.

A Love You Will Live For [Vol. 2] Kookv & YoonminHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora