Derek
El motor del Camaro rugía como una bestia herida mientras cruzaba el letrero de "Bienvenido a Beacon Hills". Me había ido con Braeden buscando una paz que, ahora lo sabía, era una mentira. Mi lugar estaba aquí. Entre los árboles de esta reserva, entre los fantasmas de mi familia y, sobre todo, cerca de un chico hiperactivo de ojos color avellana que no salía de mi cabeza ni un solo segundo.
Me instalé en el loft, dejando las maletas en el suelo frío. El silencio era absoluto, pero duró poco. Antes de que pudiera siquiera abrir la nevera, el aroma a sudor, sangre vieja y una furia volcánica inundó mis sentidos. Peter entró sin llamar, sus pasos resonando en la escalera de metal con una urgencia que me hizo ponerme en guardia de inmediato.
-¿Qué haces aquí?.- le pregunté, notando cómo sus puños estaban apretados hasta que los nudillos se tornaron blancos.- ¿Y por qué hueles como si acabaras de salir de una zona de guerra?
Peter soltó una risa seca, desprovista de cualquier rastro de su habitual elegancia sarcástica.
-Qué bueno que volviste, sobrino.- dijo, y su voz era un siseo venenoso.- Porque mientras tú jugabas a los mercenarios, los imbéciles que Scott llama "manada" han estado planeando un asesinato. Han querido matar a Stiles desde lo del Nogitsune. Ayer, el "Alfa Verdadero" y sus seguidores nos citaron cerca de la mansión con un solo objetivo, ejecutarlo.
Sentí como si el suelo se abriera bajo mis pies. El oxígeno desapareció de mis pulmones.
-¿Qué?.- mi voz salió como un gruñido profundo, mis ojos brillando en un azul intenso por la rabia.- ¿Scott hizo qué?
-Isaac, Liam y yo lo protegimos.- continuó Peter, ignorando mi interrupción.- Pero Stiles se rompió, Derek. Se fue en el Jeep, huyendo de la traición, y no ha respondido al teléfono en horas. Ya debería haber llegado a algún lado, pero hay un silencio absoluto en su frecuencia. Algo está mal. Muy mal.
No necesité escuchar más. La sangre me hervía, quemando mis venas con una sed de violencia que no sentía desde que regresé de la muerte. Salimos del loft a toda velocidad. El trayecto hacia la casa de los Stilinski fue un borrón de luces y sombras.
Al llegar, la escena era un caos controlado. El Sheriff Noah Stilinski caminaba de un lado a otro en el porche, con el rostro envejecido diez años en una sola noche. Chris Argent, Melissa McCall y Deaton estaban allí, formando un frente unido. E incluso estaban ellos, Scott, Malia, Lydia y los demás, parados a unos metros como si esperaran un perdón que no llegaría.
Cuando Scott me vio llegar, intentó dar un paso al frente con esa expresión de falsa preocupación que ahora me daba náuseas.
-Derek, qué bueno que estás aquí... .-empezó a decir.
Lo corté con una mirada cargada de tanto odio que retrocedió un paso, sorprendido.
-Sheriff.- dijo Scott, ignorándome y dirigiéndose a Noah.- solo venimos por Stiles. Él tiene información sobre los seguidores de Monroe que nos será de ayuda. Todavía es parte del equipo...
-¡Cierra la boca, Scott!.- el grito no vino de Noah, sino de Melissa. La madre de Scott se adelantó, temblando de una rabia pura que nunca le había visto.- Eres mi hijo, pero ahora mismo no puedo ni reconocerte. Estoy tan decepcionada que me duele el pecho. ¿Cómo pudiste hacerle eso a Stiles? ¡Él te salvó la vida más veces de las que puedes contar! ¡Él te dio su humanidad cuando la estabas perdiendo! ¿Y así es como le pagas? ¡Tratándolo como a un criminal!
-Mamá, solo queremos información... .-insistió Scott, su arrogancia de Alfa nublando su juicio.
El sonido de la bofetada resonó en toda la calle. Melissa le había cruzado la cara con una fuerza que dejó a Scott mudo.
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Renacer
FanfictionDesde el momento que sucedió lo del Nogitsune todos en la manada cambiaron con Stiles pero como aún así sabían que lo necesitarían estaban buscando el momento para desacerse de el. Justo después de los de Monroe ellos empezaron a tratar mal a Stiles...
