Capitulo 21

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Ezra

Cuando tenía seis años, papá solía contarme historias sobre los campamentos a los que iba cuando era joven. Yo, sin embargo, nunca fui como él. No tenía una buena relación con los demás niños, era introvertido, tímido, y prefería estar solo.

 Me encantaba tocar instrumentos, ver televisión o simplemente perderme en mis pensamientos. 

Pero para los demás, eso no estaba bien. Creían que debía socializar más, que debía "divertirme", como ellos decían. Así que, en lugar de quedarme en casa como quería, me mandaron a diferentes campamentos: de deporte, idiomas, de todo. Pero nada cambiaba, mis habilidades sociales seguían siendo nulas y, en la mayoría de los casos, me hacían regresar antes de lo planeado.

Lo que nadie entendía era que me gustaba estar solo. Y, sobre todo, no entendían por qué.

A los nueve años, después de varios intentos fallidos, decidieron mandarme al campamento de música, un lugar apartado de la ciudad, rodeado de campos verdes y un lago tranquilo, con varias cabañas ordenadas y coordinadores siempre vigilantes. Desde el momento en que entré a la cabaña, supe que no era mi lugar. La pequeña habitación con dos literas y una cama individual me daba la sensación de estar atrapado.

Me quedé sentado en la cama individual, mirando por la ventana empañada, pensando en cómo escapar apenas anocheciera.

Mamá me dio un beso en la mejilla y me pidió que la llamara. Papá, con su voz llena de optimismo, me dijo lo mismo de siempre:

—Haz amigos.

Como si fuera así de fácil.

Entonces los encargados me dijeron que mis compañeros de cabaña llegarían pronto.

Fue en ese momento cuando la puerta se abrió de golpe, chocando contra la pared, y entró el niño que cambiaría mi perspectiva sobre muchas cosas.

Un niño rubio, con un bolso tan grande que parecía que lo cargaba con esfuerzo, atravesó la habitación casi tropezándose con sus propios pies antes de dejarlo caer junto a una litera. Sus mejillas redondas y el cabello desordenado bajo una gorra roja le daban un aspecto caótico, pero sus ojos celestes brillaban con una energía que yo no entendía.

—¿Tú debes ser nuevo? —dijo, sonriendo de una manera tan natural que me hizo sentir incómodo—. ¿Litera de arriba o abajo? El encargado Sam me dijo que eras nuevo.

—La individual —respondí, señalando la cama pequeña.

El chico giró la cabeza hacia ella y frunció la nariz.

—¿En serio? Son las más incómodas. —Hizo una pausa, encogiéndose de hombros—. Pero bueno, como quieras.

Tiró su bolso en la litera de arriba y comenzó a sacar cosas sin ningún tipo de orden. La mayoría no era ropa. Cuadernos, lápices, revistas arrugadas y un par de baquetas aparecieron entre el desastre.

—Siempre llego antes que Percy y Niklas a los campamentos para elegir la mejor cama —comentó mientras acomodaba todo bajo el colchón—. Nos suelen asignar cabañas juntos.

Me di cuenta enseguida de que no era su primer campamento. Se movía con demasiada naturalidad, como si ya conociera cada rincón del lugar. Como si pertenecer fuera algo sencillo.

Mientras él hablaba, yo seguía sentado en la cama, observando el colchón incómodo bajo mis piernas. La extraña sensación de no pertenecer me golpeó de nuevo.

—Tú no hablas mucho, ¿eh? —comentó.

No había burla en su voz. Solo curiosidad.

Miré las baquetas entre sus manos.

(No) Voy A Enamorarme De Magnus Willminton [Midas King #2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora