Zoe
Addy estaba dormida en mi falda, finalmente tranquila después de todo el caos. En el hospital, el bullicio de los doctores moviéndose por todos lados era constante, pero yo me concentraba en calmarla. Acaricié suavemente su espalda, asegurándome de que estuviera bien tapada. Ethan, su amigo, había estado al borde de la muerte por un problema respiratorio. Al enterarse, Addy había tenido un ataque de pánico que no la dejaba calmar. Nadie podía tranquilizarla, hasta que llegué yo. Fue solo cuando me vio que pudo relajarse, y ahora dormía pacíficamente en mis piernas.
El reloj marcaba que ya era demasiado temprano. La ciudad de Londres comenzaba a despertar bajo nosotros. Las personas ya estaban en su rutina, y el ajetreo del día ya había comenzado. Solté un bostezo, sintiendo cómo la madrugada se me había hecho interminable.De repente, escuché tres golpes suaves en la puerta antes de que Magnus asomara apenas la cabeza dentro de la habitación.
La pequeña sonrisa cansada que llevaba hizo algo extraño dentro de mi pecho.
Había estado ahí todo el tiempo. Esperando afuera mientras yo intentaba calmar a Addy.
Las incómodas sillas negras de la sala de espera parecían demasiado pequeñas para alguien como él, pero aun así se había quedado horas ahí sin quejarse una sola vez. Y por alguna razón, eso me afectaba más de lo que quería admitir.
—Traje provisiones. —levantó ambas bolsas de maní como si fueran un gran tesoro.— No sabía cuál preferías, así que compré las dos. Una tiene demasiada sal y la otra sabe a tristeza.
Una risa suave escapó de mis labios antes de poder evitarlo. Tomé la bolsa menos salada mientras jugueteaba distraídamente con el plástico entre mis dedos.
—No hacía falta que te quedaras aquí —murmuré levantando la vista hacia él.— Sabes que puedes irte, ¿verdad?
Magnus me observó un segundo como si la idea le pareciera absurda.
—¿Y dónde más estaría?
La respuesta llegó tan rápido, tan natural, que tuve que apartar la mirada un momento.
Porque él no había dudado ni un segundo en acompañarme.
Ni cuando sonó el teléfono.
Ni cuando salimos del departamento todavía desordenados y medio dormidos.
Ni ahora.
Magnus entró finalmente a la habitación y se dejó caer en la silla junto a mí con un suspiro cansado.
—¿Está mejor?
Asentí lentamente.
—Sí. Logré calmarla un poco. Ahora está durmiendo.
Durante unos segundos nos quedamos en silencio mirando el movimiento del hospital alrededor nuestro. Enfermeras caminando de un lado a otro, doctores hablando en voz baja, luces blancas demasiado brillantes para esa hora de la madrugada.
Mis ojos terminaron deteniéndose en un cuadro horrible de bebés regordetes con alas flotando entre nubes.
Cuando giré apenas la cabeza, encontré a Magnus tapándose la boca para ocultar un bostezo.
Y Dios. Se veía agotado.
—Magnus... —lo llamé sintiendo un pequeño pinchazo de culpa.— Gracias por quedarte conmigo. De verdad.
Él bajó la mano lentamente, observándome.
—No tienes que agradecerme por eso.
—Sí, pero igual deberías irte a dormir un poco.—apoyé la bolsa de maní sobre mis piernas.— Tengo que llamar a mamá, hablar con los doctores sobre Ethan, averiguar algunas cosas... esto va para largo.
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(No) Voy A Enamorarme De Magnus Willminton [Midas King #2]
RomansZoe nunca ha sido de las que se enamoran fácil, y menos de tipos como Magnus Willmington: mujeriego, imprudente y con una reputación que haría temblar a cualquier padre sobreprotector. Pero el destino (y un grupo de amigos en común) parecen empeñado...
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