Capitulo 30

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Magnus

Cuidar a Percy con el corazón roto fue sencillo, al principio eligió beber y acostarse en secreto con Kira, aunque yo fingía no saberlo. Luego, decidió salir, y aunque siempre se acercaba a la barra, su comportamiento era más calmado y despechado, algo fácil de manejar. Tenerlo a la vista era sencillo para cualquiera de nosotros.

La diferencia de cuidar el corazón roto de Caleb, sin embargo, era como intentar seguir a una tormenta en pleno descontrol. No sabía a dónde iba a salir. Estuvo encerrado en su cuarto durante dos días, y una noche apareció de repente, vestido con una camisa blanca y unos jeans rasgados, con ese brillo desbordado en los ojos. "Salgamos", me dijo. Y lo seguí. Fue un maldito descontrol.

Caleb había estado en una relación seria durante ocho años, lo que para mí era casi una vida. Si llegaba a los ocho años con Zoe, me reiría demasiado. Pero esa es otra historia. El punto es que Caleb se bebió toda la barra como si el alcohol fuera a agotarse, bailó con cualquiera que se le acercara, y besó a cada chica bonita que le coqueteara. Intenté alejarlo de esa espiral autodestructiva, pero bastaba un segundo para que lo perdiera de vista y lo encontrara de nuevo en los labios de otra. En algún punto, lo perdí por una hora entera, y cuando lo encontré, estaba saliendo del baño del club con una chica que le ofrecía sonrisas coquetas, como si su dolor y su despecho fueran solo una excusa para el caos.

Cuando la fiesta terminó, Caleb volvió a su estado habitual: un borracho lloroso, buscando consuelo en cualquier rincón. Y ahí estaba yo, en ese papel de cuidador cansado.

Ahora, él estaba en la sala, con una fuerte resaca que lo mantenía inmóvil en el sofá. Yo lo observaba mientras, a propósito, golpeaba la cuchara contra mi taza de café, disfrutando un poco de hacerle pagar su comportamiento irresponsable.

—Agsh, ya para...—se queja con voz rasposa.

Sonreí.

—Esto hacías tú en las giras, cuando yo estaba con resaca. Me molestaba el ruido—le respondí, disfrutando el pequeño toque de venganza en mi tono.

—No lo hagas más, para... me está martillando el cerebro—gruñe, masajeándose la frente.

Rodeé los ojos, pero me detuve. No tenía mucho que hacer mientras tanto. Ezra no estaba, se había ido de la casa por la mañana, y el silencio era más pesado que cualquier otra cosa.

—¿Quién es Tif?—pregunta Caleb, mirando su brazo donde con un marcador, alguien había escrito de manera desprolija el nombre de una chica con su número.

—Creo que es con la que te acostaste en el baño—le respondí, sin poder evitar el sarcasmo.

—Ugsh, genial—gruñe, como si de alguna manera estuviera tomando conciencia del desastre que había creado.

Debo admitir algo cruel: disfrutaba ver a Caleb sufrir con la resaca de los mil demonios, porque yo también las había sufrido, pero él nunca había dejado de ser una espina en el zapato. No era que me alegrara de su sufrimiento, pero en esos momentos, un pequeño consuelo era todo lo que podía encontrar.

Entonces, alguien tocó la puerta.

Caleb, que ya no podía tolerar ni el más mínimo sonido, se tapó los oídos como si el ruido le estuviera matando. De todas formas, me acerqué a la puerta para abrirla, sabiendo que no se atrevería a moverse.

Me sorprendí al ver a Rosie frente a mí, vestida con una camiseta lila con los hombros caídos y pantalones blancos, con sandalias a juego. Estaba más pálida de lo normal, y al ver mi mirada, evitó la mía, mirando al suelo. Esa era la herida que dolía. Lo que pasa cuando tu amigo termina con la chica que considerabas tu amiga, cuando sabes que ahora tu relación con esas personas se vuelve extraña, quebrada.

(No) Voy A Enamorarme De Magnus Willminton [Midas King #2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora