Capitulo 8

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Magnus


El sonido de mi celular era tan irritante que solo quería ignorarlo. Me moví en la cama, mirando el aparato rectangular vibrar con fuerza sobre mi escritorio antes de que la pantalla se apagara. Suspiré, cerrando los ojos. Sea quien sea, seguramente podía esperar unos minutos. Dylan ya me había enviado un calendario con mis horarios, y sabía que por ahora tenía algunos días libres.

En ese momento, escuché la puerta abrirse. En cuestión de segundos, unos pies arrastrándose por el suelo y un cuerpo se acomodaron en la cama a mi lado. Ezra no perdía el tiempo y se apoderaba de todo el espacio disponible.

—¿Es una de tus chicas la que lleva llamando hace horas?—pregunta de mal humor.—Dile que moriste.

—¿Cómo le dire que mori si les hablo?

— Algunas no son muy inteligentes, ¿te acuerdas de aquella que te creyó de Irlanda y pensó que eras un duende mágico que concede deseos? —pregunta Ezra, y su voz, cargada de burla, provoca que no pueda evitar reír. El sonido de la risa suple el ruido molesto del celular.

Una risa tonta de Ezra se ve interrumpida por su queja, cuando ambos discutimos sobre quién iba a abrir la puerta. En su intento de no moverse, me empuja y termino tirado en el suelo, sin poder evitar reírme junto a él.

— Lo siento —dice mientras se ríe, pero sé que sólo lo dice porque le resulta divertido verme en el suelo. Me incorporo, resoplando mientras me coloco unos pantalones y una camiseta manchada de comida que aún no he lavado.

El cabello desordenado y el mal humor no ayudan a que mi día comience mejor.

— ¡Ya voy! —grito demasiado alto mientras me peino con la mano antes de abrir la puerta. El portero me mira con esa cara de culpabilidad de quien sabe que me ha despertado de mala gana, pero ni siquiera tengo tiempo para ser grosero, porque al verlo, me doy cuenta de que lo que hay detrás de él es aún peor.

Aunque lo esperaba, no deja de sorprenderme cómo siempre llegan sin avisar. No importa cuántas veces les pida que no lo hagan.

— Gracias, yo me encargo, los conozco —murmuro, intentando ocultar la frustración.

El portero se va, dejando paso a una figura alta que siempre me hace sentir que he retrocedido a mi adolescencia. Mi padre. Con su cabello rubio y canoso, su barba algo descuidada, y esos ojos claros que siempre me han resultado una mezcla extraña de frialdad y, en momentos raros, de aprecio.

— ¿En serio no tienes a tu familia en el registro? —me pregunta, sus palabras tan cortantes como siempre, y un poco de esa indignación se instala en mi pecho.

— Mi familia pocas veces viene a verme —respondo en un suspiro.

Es un comentario que he aprendido a decir con indiferencia, como si nada me importara.

— Hola, papá. ¿En qué te ayudo?—pregunte cortésmente.

— ¡Malditas puertas del ascensor! —grita una voz femenina, antes de que una figura más pequeña y familiar entre al pasillo.

Georgia aparece detrás de él, su cabello rubio atado en una coleta alta. Sonríe mientras corre hacia mí y me abraza sin dudarlo. La abrazo de vuelta, dejando que su energía juvenil inunde un poco el ambiente tenso entre mi padre y yo. Ella besa mi mejilla varias veces, sin que yo pueda evitarlo, sintiendo su frescura y espontaneidad.

Mi padre susurra algo desde atrás, pero mi atención se desvía a Georgia, que me mira con una sonrisa satisfecha, como si hubiera ganado alguna pequeña victoria sobre nuestra familia rota.

(No) Voy A Enamorarme De Magnus Willminton [Midas King #2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora