Capitulo 24

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Rhett


Tenía once años cuando conocí a mi mejor amigo. 

Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido una amistad que nos ha marcado para siempre. Puede durar mucho o poco, ser para toda la vida o solo una parte de ella, ser para bien o para mal... pero nos deja una huella. 

Y él fue la mía.

Era mi primer día de clases en una escuela nueva. Nueva ciudad, nuevos compañeros, un nuevo intento de encajar. Siempre fui un niño tímido, torpe para socializar, pero ahí estaba él: con su cabello negro desordenado, esos ojos oscuros que desafiaban a cualquiera y una actitud que gritaba que nada le importaba. 

Parecía el tipo de niño que los adultos llamaban "problemático". Me gustó esa confianza en sí mismo. Me senté a su lado en clase y, después de meternos en problemas con la profesora en menos de una hora, supe que seríamos inseparables.

A mis padres nunca les agradó Trent. Y los suyos... bueno, estaban demasiado ocupados gritándose entre ellos como para siquiera notar que su hijo tenía un amigo. Pero eso no nos importaba. Éramos solo él y yo, nuestro propio mundo. A medida que crecíamos, me di cuenta de algo: Trent tenía un talento innato para meterse en problemas, y yo, para sacarlo de ellos.

Durante años, lo seguí en sus locuras. Cubrí sus huellas, lo defendí cuando no debía, peleé sus batallas como si fueran mías. Y él me lo agradecía con una sonrisa de suficiencia, como si estuviera seguro de que siempre lo haría. Rara vez lograba hacerme enojar de verdad... pero cuando lo hacía, lo hacía en serio.

Una de esas veces fue cuando tenía dieciséis años. Se había metido con la gente equivocada, una banda de motociclistas a la que tuvo la brillante idea de robarle. No tenía sentido, no era necesario. Pero Trent siempre tenía esa extraña compulsión de cruzar límites, de probar hasta dónde podía llegar antes de que todo se viniera abajo.

Ese día, yo estaba con mi hermano menor. Spencer tenía catorce años. Cuando la situación se volvió peligrosa, él me suplicó que nos fuéramos, que dejáramos que Trent se las arreglara solo. Y debí escuchar a Spencer. Debí tomarlo de la mano y largarnos de ahí. Pero no lo hice. Me quedé para ayudar a Trent, porque era mi mejor amigo. Porque creía que así debía ser la amistad: lealtad incondicional, sin importar las consecuencias.

Pero las consecuencias llegaron. Y no fue Trent quien pagó el precio.

En la confusión, Spencer terminó subido a una motocicleta. No sabía conducir, estaba aterrado, pero no había otra opción. Se fue mientras yo trataba de proteger a Trent. Y, en algún punto, Spencer tuvo un accidente. Un choque. Un impacto. Y la oscuridad se tragó su mundo para siempre.

Mi hermano perdió la vista ese día.

Recuerdo cada detalle. El sonido de las sirenas. La presión de la mano de mi madre sobre mi hombro, temblando. La expresión vacía de Spencer cuando me dijo que estaba bien, que no me preocupase. Que, si hubiera sido yo el que estuviera en problemas, él querría creer que Trent me habría salvado.

Pero Trent no estaba ahí.

No cuando mi hermano fue llevado al hospital. No cuando los médicos nos explicaron la magnitud del daño. No cuando mis padres, en su rabia y su dolor, apenas podían mirarme sin que se les rompiera la voz. Trent no estuvo ahí en los largos meses de adaptación de Spencer, en las noches en que no podía dormir de la culpa, en los días en que sentía que me ahogaba. No estuvo.

(No) Voy A Enamorarme De Magnus Willminton [Midas King #2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora