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La navidad había llegado y Lydia había organizado una cena en la nueva mansión Mckinnon.
Lydia siempre tuvo una obsesión por las casas grandes y lujosas, ella amaba tener mucha variedad de plantas y que sus amigos una vez cada tanto se queden a dormir en su hogar.
─ Harry cariño, no te saques los zapatos ─ Pide por quinta vez Sophia.
Harry solo sonríe y abraza a la pelirroja, la Evans sonríe.
─ ¿Papá donde esta? ─pregunta Harry alejándose de su madre.
Sophia mira el atuendo de Harry e intenta acomodar el cabello del Potter
─ En el baño ─ responde Sophia acomodándo el saco de Harry ─ Tienes que portarte bien.
─ Yo siempre me comporto bien.
Sophia entrecierra sus ojos y pellizca sin fuerza la mejilla de Harry. — Mentiroso, eres un niño mimado.
Harry ríe por la cara de la Evans y se alza de hombros. — Soy un angelito — Harry repite las palabras que había oído de Lydia.
─ Ni tu te lo crees ─ dice Adrik entrando a la habitación y Sophia sonríe.
Harry se acuesta sobre la cama y se acuerda que Lydia estaba esperándolo abajo. ─ La tía Lydia esta vistiendo a Bambi ─ comenta Harry y Sophia sonríe.