Lucas se preparó, quitándole el seguro a su arma y apuntando hacia arriba, a la espera de algún caza enemigo al cual dispararle.
Un cañón efectuó un disparo que alcanzó a ser escuchado por todos. El disparo era la señal que los demás estaban esperando, comenzó una secuencia de cañonazos y disparos de las torretas apostadas en las torres contra los enemigos.
Muchos soldados entraban y salían, corriendo hacia sus puestos, preparándose para entrar en combate.
Un caza enemigo logró evadir las defensas e ingresó al espacio aéreo de la base, pero no completamente ileso, le salía humo del ala izquierda y comenzaba a descender lentamente. Un soldado armado con un lanzamisiles, que se encontraba escondido en el bosque, atacó al caza herido, derribándolo y éste fue a impactar al suelo, cayendo cerca del lago, provocando que el agua temblara levemente.
Un soldado, sudado de pies a cabeza, llegó corriendo y se detuvo al lado del capitán Zepeda, resollando.
- ¡Capitán, tengo malas noticias!- consiguió decir, después de unos segundos.
- Hable, soldado Álvarez- ordenó.
- ¡Se acercan naves aerotransportadoras del IEAA!- vociferó- Cinco, en total.
- ¡¿Qué?!- el capitán quedó impactado al oír eso- ¿Está seguro, Álvarez?
- Muy seguro, capitán. Yo mismo las he visto en el radar y en las cámaras.
- Eso complica la situación- murmuró Zepeda- En un momento regreso.
El jaleo armado por las defensas mexicanas continuaba, pero se le habían añadido explosiones esporádicas. Sin saber si las explosiones eran fruto de los aviones derribados o de otra cosa.
Lucas hurgó en la mochila que llevaba sobre los hombros, buscando algo que había visto anteriormente ahí. Finalmente, sacó una mirilla telescópica para su rifle automático. La colocó en su sitio y miró a través de ella, comprobando que funcionara a la perfección. Como así fue, le ordenó a la mitad de su equipo que lo siguiera.
Rodearon el lago y se internaron en el bosque, esquivando los restos del caza destruido, del cual todavía le salía humo. Una mano ensangrentada estaba en el camino.
El cansancio estaba haciendo mella en el teniente. Llevaba una noche sin dormir, no había comido bien y estuvo combatiendo todo el tiempo. Sentía como su cuerpo se iba debilitando lentamente. Pero no se dio por vencido, con su fuerza de voluntad decidió seguir dando lo mejor de sí mismo.
El sonido de los cañones se detuvo bruscamente, dejando de escucharse. Un silencio sepulcral dominó todo el bosque, interrumpido de vez en cuando por el ruido de una rota al ser pisada o por las respiraciones de los hombres.
Avanzaron otro trecho, seguros porque las torres vigías los protegían de cualquier ataque enemigo.
Lucas iba a ordenar que se detuvieran, para elaborar un plan para destruir a las naves aerotransportadoras, cuando un repentino ruido de pisadas se oyó aproximándose. Levantó su arma, listo para abrir fuego.
El sargento Cabrera apareció, seguido de cuatro soldados armados.
- Ah, sargento, que bueno que lo veo- exclamó Varzzen- Necesitamos apoyo para emboscar y destruir unas naves que transportar tropas del Imperio.
- Que casualidad- dijo, como si realmente lo fuera- Nosotros también nos dirigimos ahí. Según, el centro de operaciones, han aterrizado a cincuenta metros al noreste de nuestra posición.
- Vamos, pues- dijo Lucas- Síganme.
Continuaron con su marcha hacia el noreste, sin encontrar oposición alguna en su camino. Ya estaban por llegar a la zona de aterrizaje cuando oyeron unas voces.
Cada uno se parapetó detrás de un pino. El teniente asomó la cabeza y divisó un pelotón de nueve soldados del IEAA. Discutían en voz baja sobre cual era la mejor forma para asaltar la base sin sufrir grandes pérdidas.
Retrocedieron sin hacer alguno, para establecer la forma en la que acabarían con ellos. Max Wolfczowics sacó un par de granadas rojas.
Lucas vio la acción que hizo su subordinado. Sin saber muy bien por qué, supuso que se debía al extremo cansancio y al estrés, comenzó a gritarle al joven soldado polaco.
- ¡¿Estás idiota?! ¡Esas granadas son incendiarias!- le gritó- ¡Provocarás un puto incendio si las lanzas! ¡Guarda las malditas granadas, pendejo!
Todos los ahí presentes se quedaron muy sorprendidos al ver la reacción del teniente, nunca lo habían visto así y eso aumentó todavía más su sorpresa.
- L-lo siento- tartamudeó Max, bajando la mirada al suelo.
Lucas se sentía culpable, no tuvo por qué haberle gritado, él no es así pero tenía mucho orgullo como para disculparse frente a todos, y mas por la presencia del sargento.
Estaba incómodo con ellos, así que sacó dos granadas de fragmentación y se alejó, yendo hacia el pelotón del Imperio. Dos detonaciones sucesivas se escucharon y el teniente regresó.
Durante el trayecto, decidió que se tragaría su orgullo y se disculparía con Wolfczowics, pero no pudo decir ni una sola palabra, ya que en ese instante pasaron aviones sobrevolando el bosque y soltaron su carga. Unas pequeñas cajas rectangulares de color negro cayeron del cielo e impactaron.
Segundos después, las cajas explotaron con un sonido atronador y un fogonazo de luz cegó a todos momentáneamente.
Cuando abrieron los ojos, observaron estupefactos como el fuego se propagaba rápidamente, consumiendo árboles y plantas, quemando todo a su paso y rodeándolos impunemente.
- ¡Corran!- gritó Lucas.
Corrieron velozmente, dando todo lo que podían, mientras iban sintiendo el calor que emanaba y el humo que les impedía respirar bien.
Tosiendo, lograron dejar a duras penas al fuego detrás de ellos, pero éste avanzaba imparablemente, extiguiendo toda forma de vida.
Salieron frente al lago y vieron al soldado Álvarez, parado sin hacer nada.
- ¡Fuego!- gritó el sargento- ¡Que inicie la Operación Agua! ¡Da la orden, Ángel!
El soldado fue a cumplir con lo que le habían ordenado y desapareció en el interior de la base.
Mientras que Lucas y los demás se tomaban un minuto para normalizar su respiración, Álvarez reapareció.
Con la guardia baja, un avión del IEAA logró traspasar las defensas fácilmente, acercándose a la base lista para soltar su preciada carga explosiva. Pero no logró llegar a su objetivo porque un cañón le disparó, destrozándole la cola e inició su descenso precipitadamente.
Todo sucedió en cuestión de segundos, el avión impactó arriba del soldado Álvarez e, inmediatamente, explotó en una bola de fuego, que se alzó hacia el cielo despejado.
Impactados por la tragedia que acababan de ver, se quedaron inmóviles sin saber muy bien que hacer.
Hasta que llegó el capitán Zepeda, informándoles que el Imperio se retiraba.
***
Si tienen alguna pregunta que hacerme sobre la historia, no duden en hacerla.
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El Imperio
Ciencia FicciónEn el 2020, Estados Unidos, Alemania y Rusia decidieron aliarse para tener una mejor economía pero esto solo fue una excusa, el verdadero motivo era conquistar al mundo y obtener más territorios y materia prima. Así se creó El IEAA (Imperio Euro-Asi...
