Capítulo 18. Abandono.

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Consumido por la desesperación, el teniente no lograba hilar ni un solo pensamiento coherente. Todavía manaba sangre la herida del abdomen de Elliot. Rápidamente, dejó el rifle y la escopeta a su lado, junto con el casco y se deshizo de la camisa negra del uniforme y la puso sobre el estómago de Hohenstaufen, cubriendo el agujero provocado por la bala. Acercó su oreja al pecho del soldado, oyendo el pulso, que se encontraba errático.

Sus manos, cubiertas de sangre fresca, presionaban con firmeza. No mueras, pensó melancólicamente, no me abandones. Un sonido familiar para Lucas interrumpió sus pensamientos, pero no le dio importancia, seguía preocupado por su hermano y no podía asegurar que éste fuera a sobrevivir. Pasos resonaban ligeramente, acompañados de múltiples voces cada vez más cerca, pero el cerebro de Varzzen no lograba procesar correctamente lo que se encontraba a su alrededor. Estaba absolutamente aturdido, no era consciente de los soldados uniformados de color negro que se aproximaban hacia él.

Unos brazos desconocidos lo jalaron de su hombro desnudo, arrastrándolo y alejándolo de Elliot, sin oponer resistencia, estaba paralizado por el miedo de perder a su hermano. Bajaron las escaleras y todo el ruido que había llegaba a él de manera pobre, como si se encontrara sumergido en el agua. Su cabeza golpeó fuertemente la pared y eso lo trajo de vuelta a la realidad, sacándolo del aturdimiento. Forcejeando, consiguió liberarse de su captor y se incorporó, para luego correr hacia la salida sin mirar atrás.

El frío azotó con dureza en Lucas, provocando que tiritara de vez en cuando, y se cubrió el pecho con los brazos, tratando de conservar el calor de su cuerpo.

Cinco naves Phantom cubrían el lugar en torno a la edificación, resguardando el lugar. De los motores aún emanaba calor, así que Lucas se dirigió al más cercano. Satisfecho al haber encontrado una fuente calorífica, por nimia que fuera, logró sonreír pesadamente, soltando un grandísimo bostezo del cansancio.

- Toma, usa esta chaqueta, hace frío- ordenó alguien, y un brazo entró en el campo de visión del teniente, sosteniendo una chaqueta negra con diferentes insignias.

- Gracias- murmuró, tomando la prenda sin siquiera observar quien se la proporcionó.

Se la puso y ésta se ciñó a su ejercitado torso, subió la cremallera, protegiéndose del frío inclemente. Dando un pequeño paso hacia adelante, visualizó a un hombre vagamente familiar para él, que lo veía fijamente, sin perderlo de vista un segundo. Y una chispa de reconocimiento cruzó fugaz en la mente de Lucas.

- Tú eres Ryan Samaki, el piloto de la FAI, ¿verdad?- aventuró, indeciso.

- Efectivamente, teniente Varzzen- respondió el hombre rubio que había discutido con el comandante Johnson varios días atrás.

Aliviado, esbozó una sonrisa. Tanto soldado rubio lo tenía muy confundido, y era difícil recordar a cada uno por su nombre, a excepción de Elliot. Elliot. La sonrisa desapareció igual de rápido como había llegado, y la preocupación regresó más fuerte que nunca. Decidido a que no se le notara nada, comenzó a distraer a Samaki.

- ¿Y dónde está tu pareja?- preguntó y al ver que lo miraba confundido, se explicó- Me refiero al sargento Farrel, ambos son pilotos y trabajan juntos.

- Ah, está allá adentro con la sargento Steel, ella es experta en la manipulación de computadoras, o sea que es Hacker- respondió desinteresadamente, como si siempre le preguntaran que hace su compañero de pilotaje, y tal vez así fuera- Aunque dudo mucho que pueda hacer algo, con el destrozo que hicieron ustedes dos...

El volumen de su voz fue descendiendo gradualmente hasta apagarse, sin dar explicación alguna. Extrañado, Lucas observaba a Samaki con manifiesta curiosidad mientras que éste miraba al firmamento de manera distraída, dándole poca importancia al sitio donde se encontraban como si estar en este tipo de situaciones fuera lo más normal del mundo. Un silencio incómodo se instaló entre ellos y el teniente quería charlar para así no pensar en que Elliot podría morir.

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