<<sword and wall>>
Phill miro con atención a la mujer frente suyo, con sus labios entre abiertos y sus manos siendo sostenidas por las de ella.
Eran frías, Azul tiene unas manos frías y delgadas que envolvían las suyas con cariño.
–Lo siento Phill... No poder volver.
Quedo en silencio, sin saber si expresar su propio dolor, o limpiar las lágrimas que caían por el rostro pálido.
...
–¡Pronto! ¡Revisen el área! –Detrás de Ekko salieron múltiples Firelights, que se expandieron en busca de amenazas.
Ekko observó desde arriba, como todos buscaban amenazas y lograban sacar heridos de los escombros.
Su atención fue directo a su espalda cuando escucho un grito desgarrador de una mujer, logro enfocarlo unas calles a lo lejano.
Su propósito de ir hasta ella fue en vano cuando una ráfaga de explosión lo envió casi fuera de la tabla, seguido de un estruendo que removió los suelos.
Los Firelights volaron hasta allá, otros se separaron con heridos o en busca de los causantes.
No alguno sin labor, todos corrían de un lado a otro. Ignorando el miedo de las explosiones, derribando culpables en las calles y quitando los restos de las explosiones con sus propias manos.
Ekko mismo tenía las manos llenas de raspaduras y sangre ajena.
–Cambio de hora–Ekko se volteo hacia Scar, que llego hasta el en otra tabla y con otro grupo de Firelights tras él.
–Puedo quedarme aquí. –respondió sin quitar su mirada del lugar, sintió la mano de su amigo en su hombro.
–Si... Pero tienes que descansar, ya pasaron muchas horas. –Ekko se quedó callado, sin dejar de verlo.
.
Ekko abrió la puerta siendo recibido por la imagen de Phil con una roca en las manos, sentado en el sofá y con una mirada triste en su rostro.
Ekko llego hasta él, sentándose a su lado mientras acariciaba la espalda del niño.
–Azul me la dio–dijo de repente–Dijo que había pensado en mi cuando la vio.
Era una piedra verde, que brillaba con la luz.
Un verde claro, si ponías la suficiente atención podías ver pequeñas manchas azules y cafés en la piedra.
Ekko apretó los labios antes de responder.
–Todo estará bien hijo, tranquilo–dio una pequeña sonrisa, los ojos cafés de su hijo lo miraron por unos momentos antes de que se volvieran a aguar.
Phill sostuvo la piedra con fuerza en sus manos, intentando con todas sus fuerzas no dejar salir otra lagrima. Ekko lo miro con el corazón apretado.
El había hecho lo mismo en algún momento, evitar dejar salir sus propias lágrimas y dar una actitud diferente a las cosas. Él sabía que era inútil, así que abrazo al niño contra su pecho.
Phill sin poder resistirlo volvió a llorar, dejando sus mejillas húmedas de las lágrimas.
El menor negó en el pecho de su padre con fuerza, Ekko pudo sentir como sus hombros temblaban.
–No volverá–volvió a decir.
–Phill...tranquilo, tal vez estará muy ocupada o... –El niño negó con fuerza de nuevo, apartando su rostro del de su padre.
–Ella se despidió–limpio sus lágrimas con la mano–Azul me dijo que solo nos teníamos que despedir de alguien si no la volvíamos a ver, y ella... Ella.
Sin poder evitarlo las lágrimas de Phill volvieron a salir con fuerza, el niño apretó la piedra contra su pecho cuando su padre lo dejo, soltándolo para apartarse del sofá.
–¿E-ella se despidió de ti? –Ekko hablo más para él que para el menor–Si se despidió eso significa... Que...
Ekko soltó todo, su mente quedo en blanco por varios segundos.
–Lo siento Phill, tengo que irme–Phill miro a su padre salir sin mirar atrás, casi corriendo hasta salir de su casa.
Se quedo allí, en silencio. Sostuvo la brillante piedra en su pecho.
...
–Hola pequeño–El niño se sorprendió al punto de terminar tirado contra el suelo, la brillante mujer se rio para después ayudarlo a levantarse–Lo siento, lo siento–se rio quitando la arena de la ropa del niño.
Phill se sorprendió, se suponía que esa playa al otro lado de la pared de los Firelights nadie la conocía.
–¿Quién eres? –el niño se avergonzó cuando vio cómo la mujer se agachaba a su altura.
–Soy una amiga–Sonrió–Siempre te había querido conocer–Phill no dejo de ver sus ojos rosados brillar, el cabello azul de la chica se removía con el viento y se sonrojo al pensar que era bonita.
–¿Una amiga? –Asintió. –¿Cómo te llamas?
La mujer puso una mano debajo su barbilla pensando.
–Puedes decirme cómo quieras–le sonrió de nuevo al niño, Phill no solía tener muchos amigos, pero le gustaba su sonrisa, ni siquiera había mencionado a su familia.
–Azul. –La chica parpadeo sorprendida de su rapidez–Por que tu cabello es azul–La recién nombrada "Azul" toco su trenza para mirarla.
–Supongo que es un buen nombre– Phill Sonrió ante el alago–Eres bueno en esto–Azul se sentó en la arena, sin preocuparse de que su ropa se ensuciara. – ¿Y tú como te llamas? –Sonrió a su lado.
–Phill, mi nombre es Phill –El niño sonrió alegre, pocas veces le pedían su nombre, la popularidad de sus padres hacía que fuera distinguido con facilidad, así que las veces que lo decía, lo decía con orgullo.
–Bueno Phill–La peli azul saco algo de su ropa, escondido en su mano. –Para celebrar nuestra amistad–Expuso una bella piedra, con colores brillantes, la piedra estaba pulida y parecía reflejar su propio reflejo. Phill sonrió tomándola con delicadeza, la sostuvo entre sus manos con curiosidad.
–Es bonita–Dijo sin quitar la mirada de la misma, Azul sonrió acercándose a él para mirarla de igual forma.
–¿verdad que sí? –Phill elevo el rostro, mirándola, Azul fijo su mirada en la de él. –Te traeré una cada vez que nos veamos.
–¿Nos volveremos a ver?
–Por supuesto, solo tienes que guardar el secreto, ¿vale? –Azul coloco un dedo sobre sus labios haciendo la señal de silencio, a lo que Phill la imito sonriente.
–Si. –La mano de la chica se aproxima hasta su rostro, tocando con ternura su nariz para pasar a sus risos, Phill sacudió su cabeza quitándose la mano, en compensación se acomodó a su lado, sentándose casi en su regazo.
–Bien hecho
Rosa y café se juntaron, ambos dedicándose una sonrisa, acomodados uno junto al otro frente al atardecer.
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Cuando amamos
Hayran KurguEkko ya tiene una vida... No puede pedir más a su fortuna, ama cada una de las cosas que tiene y para él su vida está formada. Pero todos guardamos arrepentimientos. Y el color radiante que pinta nuestra vida puede ser golpeado por una mancha carmín...
