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—¿Dónde estabas? —Takemichi observó angustiado al de intensos ojos negros, había estado todo el día esperándole, y ahora, siete y media de la noche, fue que llegó—. Me tenías muy preocupado.
—Lo siento —se disculpó, suspirando para luego acercarse y dejar un beso en su frente, después rodeando su cuerpo con sus brazos, atrayéndole a él.
—¿Está todo bien? —preguntó, un poco extrañado de su comportamiento, no solía traer esa cara cansada.
—Sí. No te preocupes. ¿Ya comiste algo? —se separaron, ahora el menor sonriéndole levemente al ver como él también lo hizo.
—Sip. También me duché y luego pasé el rato con Fuyu y Ryu —se encogió de hombros—. Llevaban toda la tarde aquí.
—¿En serio?. ¿Pasó algo?
—No, no. Todo bien... —le miró, luego removiéndose en su lugar algo incómodo—. Tenemos que hablar.
—Joder, no digas eso que das miedo. ¿Sabías que es la frase más temida en el mundo? —bromeó, viendo como Takemichi le arrastraba hacia dentro de la habitación, sentándole en la cama junto a él, y Manjiro solo se sintió pequeño bajo sus ojos azules, de pronto sintiéndose preocupado—. ¿Ya no me quieres?
—No digas tonterías —se rió unos instantes, tomando sus manos entre las suyas con delicadeza, ambos entrelazando sus dedos—. Chifuyu habló conmigo, parece que hay problemas, o más bien, los habrá.
—¿A qué te refieres? —frunció el ceño en su dirección, ya teniendo suficiente con todo ese lío de Kazutora.
—Lo más probable es que pronto den la orden de matar a Ryusei, los ángeles vendrán por él —le dijo, dejando a Mikey parpadeando varias veces, esperaba que fuera algo peor en realidad.
—La verdad eso ya lo sabía, ¿pero a qué quieres llegar? —inclinó su cabeza ligeramente hacia la derecha, en una expresión curiosa.
—¿Lo sabías?. Bueno, entonces me ahorro explicaciones —suspiró—. Amm, tú... ¿podrías protegerle? —eso sí no se lo esperó, aunque debió haberlo hecho, ya que tarde o temprano pasaría.
—¿Yo? —fue lo único que salió de sus labios, Takemichi sintiéndose algo nervioso ante su reacción tan desconcertada.
—Sí. Ugh, ya sabes, si le pasa algo Chifuyu sufrirá junto con él —murmuró, evadiendo su mirada, y preocupándose un poco al solo escuchar silencio cuando terminó de hablar.
—¿Por qué debería importarme Chifuyu? —preguntó con arrogancia, una pequeña sonrisa presentándose en sus labios, Takemichi alzó su mirada sorprendida hacia él.