Capítulo Trece.

296 24 10
                                        

   Se me hace difícil entender cómo es que Leah es capaz de saber esto con sólo una muestra de sangre que tomó hace unos minutos. Ella sigue el mismo patrón de actividades: revisar varios papeles que no entiendo, escribir otras cosas sin sentido en el computador, y dejar salir algún suspiro o exclamación a la que no le encontraba explicación. En resumen, es algo de lo que no me intereso mucho o no llego a ser lo suficientemente inteligente como para entender.

   La espera hace que sienta las horas de descanso que he perdido. Mis párpados son cada vez más pesados y cada vez se me es más difícil contener un bostezo. Apoyo mi cabeza en la mesa. Ya no me importa, en uno de estos momentos voy a terminar cayéndome de la silla y aterrizar directo en el suelo.

   Estoy por quedarme dormido, pero siento que la mano de Leah se posa en mi hombro.

— Lo encontré — anuncia con emoción en su voz — . Sólo necesito que me digas esto: ¿Había algo en común en tus sueños?

— Yo nunca estoy en ellos — digo seguro.

— ¿Alguna vez has soñado lo mismo?

— Nunca.

— ¿Algo más?

   Hay algo más. Lo complicado es que no estoy seguro de lo que es. ¿Cómo puedo llegar a resolver un misterio del que no sé por completo la causa de éste?

   Vamos honestidad, sorpréndeme con secretos de los que no soy consiente.

— Cuando digo que no estoy en ellos... no es completamente verdad — explico, sin darme tiempo para sorprenderme — . Lo siento, lo oigo, lo veo, lo vivo. Pero no soy yo.

   Levanto mi mirada para apreciar que Leah está anotando cada cosa que digo en un trozo de papel.

   Ella levanta la mirada del papel para ver por qué me detuve. No dice nada, pero su mirada me dice que ya la atormenté lo suficiente con mis locuras por una noche.

— Eso es suficiente — anuncia mientras dobla la hoja y la coloca detrás del computador — . Deberías ir a descansar un poco.

   Lo sabía. Todo esto suena muy loco como para venir de alguien que esté en su sano juicio.

   Ella asoma su cabeza por encima de su hombro y aprecia una ventana, la cual está abierta. Puede que el frío que está entrando por ella le esté molestando, pero no estoy con la energía para ser un caballero.

— Esa persona que soy — suelto antes de que pueda detenerme — es una chica. Y la voz que le pertenece se me hace cada vez conocida. No puedo descifrar a quién pertenece, pero sé que es alguien que conozco.

   Coloco mi cabeza de nuevo en la mesa, no seguro de si voy a poder aguantar unos minutos más despierto.

— Deberías ir a dormir —dice Leah mientras coloca una mano en mi cabello.

— Debería.

   Aunque diga esto, mi cuerpo no reacciona. Me siento pesado de agotamiento. Tal vez una siesta de quince minutos no va a hacerme daño.

— ¿Un tatuaje? — pregunta. No me enteré de que su mano había tomado el cuello de mi camisa. Si el tatuaje le molesta, no me deja saber.

   Asiento, haciendo que mi nariz toque la fría mesa.

— ¿Qué es? — pregunta ella.

— Yo... — comienzo. No quiero sonar grosero, pero esa es la única forma en la que puedo decir lo que quiero con honestidad — Quiero mantenerlo en secreto.

Divergente ~ ¿Y yo qué?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora