Capítulo Uno.

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— ¿Una tutora? ¿Qué estas loco? — se sorprende Ralph, quien balancea sus pies por el borde del techo del edificio.

— No pienso en ir — repito por décima vez.

— Pero tendrías que repetir — dice Adrien — . Nuestro viaje a la frontera se iría a la basura.

   Ralph y Adrien son prácticamente los únicos amigos cercanos que hice por mi cuenta en la escuela. El resto suelen fastidiarme por mi apellido o mi historia. Hay veces que ser hijo de Tris Prior no es tan genial como parece. 

— Todos ustedes saben que mi papá no me dejaría ir — les recuerdo.

— Cálmate, hombre — interrumpe Axel. El es mi mejor amigo, hijo del amigo amigo de Tobias -Zeke- y Shauna. Él no va a la escuela, pues se graduó hace dos años. Él ahora es uno de los guardias de la frontera.

— Hay que hacer algo loco.

   Ellos sonríen. Yo no. Ya todos sabemos en que piensan.

— Tienes que intentarlo — insiste Adrien.

— Ya les dije que nunca voy a dejar que me inyecten. Menos con suero que haga que vea mis miedos en un mismo lugar.

   Adrien piensa que simplemente no quiero ir porque mis papás no me dejarían. Además de eso, yo tampoco quiero ir porque se que no saldría bien de ese lugar, se que mis miedos pueden llegar a destrozar al hombre mas fuerte que puedas conocer.

— Gallina — amenaza Ralph.

   Ellos siempre juegan con eso de "gallina." Aunque sea un juego, nunca nos quedamos con la indignidad de ser llamado gallina.

— Yo no soy gallina — devuelvo.

— ¿Vamos?

***

— Hombre, yo nunca he hecho esto antes — dice Ralph, cuando Axel se acerca con dos jeringas. Una para Ralph, otra para mí.

— Es fácil. Calma tus respiraciones, reduce tu taquicardia. Vas a estar bien — sigue Adrien. Para él esto es un día a día.

— Bien. Hagamos esto.

   Axel lo inyecta. Ralph se dirije a una habitación aparte.

— Podremos ver a Ralph por esta pantalla — señala Axel — . Lo que esta en su cabeza aparecerá aquí — señala otra pantalla.

   Ralph saluda a la cámara. Intenta parecer tranquilo, pero yo se que eso no es verdad.

   Luego su cara se llena de terror.

— ¿Cuánto tiempo crees que le tome? — pregunto.

— Solo es un miedo. Debe tomarle unos veinte... treinta minutos — analiza Axel.

— Recuerda que hay excepciones — dice Adrien, con una sonrisa de lado, viéndome.

— Adrien... — empieza Axel.

— Voy a dar vueltas — digo. Mientras más discusiones evite, mejor.

— Tienes que regresar. ¿O acaso eres gallina? — bromea Axel.

— Voy a regresar.

***

   Camino por la deshabitada zona subterránea cerca de donde los dejé. La solían llamar con un extraño nombre. Alguna vez lo oí, pero preferí no recordarlo. Dejarlo en el pasado.

   Yo no soy el único que quiere olvidar. Este lugar fue deshabitado porque nadie quería vivir aquí. Puede llegar a ser terrorífico. Solo los más valientes suelen venir.

Divergente ~ ¿Y yo qué?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora