🎙️|C A P Í T U L O 18

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Malaika

Desaparecer del mundo no es tan fácil pero al menos he logrado hacerlo dos días enteros, he apagado mi celular para evitar recibir llamadas y me he encerrado en mi departamento en soledad como si fuera una maldita cueva aunque al final del día ni siquiera aquí me siento a salvo.
Me encuentro sentada en el piso del living mientras abrazo mis piernas contra mi pecho y apoyo mi cabeza en las rodillas con el pelo húmedo, ni siquiera he sido capaz de mirarme al espejo pero seguro me veo como la mierda. Una parte de mí cree que si me mantengo por más tiempo en esta posición, en completo silencio mientras observo un punto fijo el dolor y el vacío dentro de mí van a desaparecer.

Mentirse a uno mismo nos salva por un momento pero nos condena a largo plazo.

Muchas veces he sufrido por sentir demasiado, siempre he tenido esa manía de explotar mis emociones al cien pero ahora no estoy sintiendo absolutamente nada y eso me aterra.

Cuando no sientes nada significa que algún interruptor se acaba de joder dentro de tí y todos estamos conscientes de que son difíciles de reparar... Quizás imposibles.

Si tan solo pudiera volver el tiempo atrás y ser yo la que se metiera en ese maldito auto, esta agonía acabaría de una vez.

¿De qué sirve quedarse si no estoy viviendo realmente?

El timbre interrumpe mis pensamientos pero no me inmuto, ni siquiera me muevo de la posición en la que estoy. Suena una y otra vez con insistencia resonando en todo el apartamento, mi mirada perdida se concentra en la puerta a unos metros de mí y me quedo en silencio esperando que la persona que está detrás de ella se vaya pronto.

—Malaika, soy yo—pronuncia la voz de Barby desde el otro lado.

Trago saliva y sigo ignorandola.

—Sé que estás dentro, ábreme por fa—pide en un tono compasivo.

Compartir el dolor con alguien más no sana.

Cierro los ojos y tarareo mentalmente la nueva canción que he escrito en estos dos días porque si de algo sirve estar tan jodida es que soy una máquina de hits.

Un artista vale millones en dos únicos escenarios; muerto o jodido emocionalmente.

La voz de mi amiga desaparece y agradezco que se haya rendido e ido a otra parte, estoy tan avergonzada conmigo misma que ni siquiera podría mirarla a los ojos.  Comienzo a susurrar la letra de mi canción mientras que con los ojos cerrados imagino un escenario dramático y trágico en el que me encuentro.

Respiro hondo y levanto mi cabeza sin dejar de abrazar mis piernas.

Un ruido brusco me hace sobresaltar y trago grueso, en cuanto pongo mi atención en la puerta me encuentro con la imagen de Barby junto al portero que acaba de abrir mi cerradura. Ella se adentra de inmediato y le da las gracias, en cuanto cierra la puerta tira sus cosas a un lado y se arodilla de inmediato a mi lado para envolverme en un abrazo protector que me hace estallar en un llanto que he estado acumulando.

Los sollozos no paran y aunque ninguna de las dos haya dicho ni una palabra puedo sentir como me comprende y como logra hacerme sentir acompañada con tan solo su presencia.

—Barby...—susurro entre el llanto.

Me abraza aún más fuerte.

—Tranquila, llora todo lo que quieras—pronuncia en un tono suave.

Y lo hago, joder, sí que lo hago.

Supongo que no sabía cuánto necesitaba este abrazo hasta ahora.

Luego de unos segundos nos separamos y aunque los espasmos siguen y mis mejillas están empapadas intento respirar con calma para mirarla a los ojos, ella toma mi rostro con sus manos y su mirada afligida se concentra con la mía.

Eterna condena Donde viven las historias. Descúbrelo ahora