El olor del celo impregnaba cada rincón de la casa. Era espeso, embriagador, adictivo. Win, completamente sometido a la necesidad biológica que lo desgarraba desde dentro, solo deseaba una cosa: ser tomado, ser llenado, calmar el fuego que le quemaba la piel y la razón.
Bright, por su parte, no podía estar más complacido. Llevaba más de ocho horas reclamando lo que creía suyo. Anudándolo. Marcándolo. Penetrando tan profundo como sus cuerpos lo permitieran.
Cada ronda era más intensa. Más salvaje.
El Omega, completamente agotado, finalmente cayó dormido, rendido bajo el cuerpo dominante del Alfa. Su respiración era suave, vulnerable, y su piel aún temblaba por las descargas de placer.
Bright lo observó por unos segundos. Lo limpió con cuidado, como si fuera una reliquia delicada, y luego lo cubrió con una manta ligera antes de ir a la cocina. Preparó algo de comida; sus instintos estaban satisfechos, pero su mente aún no. Ahora podía sentirlo: la conexión entre ellos, viva, latiendo como una marca invisible.
Entonces, escuchó pasos. Lentos. Casi arrastrados.
Win apareció en el umbral de la cocina, apenas cubierto por una camisa que apenas se cerraba sobre su torso marcado y húmedo por el sudor reciente. Sus ojos estaban vidriosos, y en su mirada había algo distinto: el lado animal aún tenía el control.
Bright dejó lo que estaba haciendo y lo observó.
Win no dijo nada. Se acercó lentamente, como un felino en celo, y comenzó a frotarse contra el cuerpo de Bright, restregando su mejilla contra su pecho, respirando su aroma.
—¿Aún quieres más? —susurró Bright, dejando caer la cuchara.
El Omega asintió, ronroneando como si esa respuesta le perteneciera solo a él.
Sin pensarlo dos veces, Bright lo cargó entre sus brazos y lo sentó sobre la mesa de la cocina. El mármol estaba frío, pero el cuerpo de Win ardía.
—Voy a volver a llenarte —dijo con voz grave, su tono cargado de lujuria y poder.
El Omega abrió las piernas sin resistencia. Estaba completamente rendido.
—Eres un Omega perfecto —murmuró Bright, deshaciéndose del bóxer que aún quedaba como barrera inútil.
Su miembro volvió a endurecerse al instante. Ver a Win abierto y esperándolo lo enloquecía. Lo poseyó sin delicadeza, con la urgencia de un instinto que exigía reafirmar dominio. Cada embestida era una reafirmación del lazo, del poder, de la pertenencia.
—Vas a llevar a mis bebés —dijo el Alfa, mordiéndole el cuello mientras lo penetraba con fuerza.
Win apenas podía responder. Solo gemía, sumiso, arqueándose para recibir más. Cada movimiento, cada jadeo era una rendición total.
Cuando finalmente el celo terminó, Win ya no podía contar cuántas veces había sido marcado, tomado, desbordado por la fuerza de su Alfa. Bright lo había poseído en cada rincón de la casa: sobre la cama, en la ducha, contra la pared del pasillo, en el sofá, en la alfombra, incluso en la puerta de entrada. Cada espacio ahora olía a ellos.
Bright, satisfecho, lo abrazó contra su pecho. Sus dedos acariciaban lentamente la espalda de Win mientras este dormía, exhausto.
Pero en la mirada de Bright no había dulzura.
Había posesión. Y algo más profundo... algo más oscuro.
Porque en su mente no solo había amor. Había victoria. Control. Y la certeza absoluta de que Win ya no tenía escapatoria.
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CONFLICTO!
FanfictionHistoria Omegaverse Es una historia de dos alfas y un omega Historia Tóxica 1ra vez
