Capítulo 32

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Entre a la habitación, había regresado de la cocina después de ir a tomar algo de agua antes de ir a dormir, no me había dado cuenta cuando regreso Sanemi de llevar al chico a su casa.

—No te escuché llegar. ¿Cómo les fue llevando al niño dónde sus padres?

Dije parándome a su lado, él rascó su cabeza tratando de restarle importancia a mi pregunta.

—Bien. En cuanto lo dejamos volvimos a casa, Homura ya está en su habitación. 

Sonreí mirando su rostro, mirando en una dirección contraria a la mía, tome sus mejillas entre mis manos, para hacer que me mirara. 

—No tienes que preocuparte por Homura, tiene 14 años, y cumplirá los 15 dentro de poco. Es grande y lo suficientemente madura para estar en una relación, además, el chico ya nos demostró que quiere estar en serio con ella. 

—¡Pero-! No confío en ese chico ¿Qué tal y le haga daño a ella? 

—¡Por favor, Sanemi! —Solté una carcajada. —¿De qué forma? ¿Física?, ¿Ya viste el cuerpo del chico? Parece que se fuera a romper de solo tocarlo, tiene unas piernas de pollo que apenas lo sostiene. Y emocional tampoco creo que pueda, ¿Ya viste a Homura? Cuando no los presento mantuvo su carácter, y aún peor, lo puso en su lugar y le dio a entender que debía mostrar respeto. Ese chico es realmente tímido, no podía ni siquiera presentarse solo sin temblar. —Sonreí dando palmadas en sus mejillas. —Creo que me preocupa más ese chico. 

Sanemi me miró por unos segundos, yo levanté las cejas en señal de que tenía razón, este evitó mi mirada por unos segundos y luego asintió.

—Muy bien, tienes razón. —Admitió. —Pero aun así no confío en ese niño. 

Suspire, cerré mis ojos y bese sus mejillas sonrojadas.

—Eres un padre posesivo. —Dije alejándome. —No quiero saber ni como serás cuando nazca nuestro bebé. 

Acaricié mi vientre. Me senté en el futón, Sanemi se giró y se fue a sentar en seguida conmigo, me abrazo en silencio dejando su cabeza en el hueco de mi cuello. 

—¿Piensas que sea buen padre?... Para el bebé. —Pregunto de repente.

—Claro, ¿Por qué lo dudas?

—Mi personalidad. No sé si este siendo un buen ejemplo para Homura y Kiyo, o siquiera para Kintaro. 

Ver su rostro y su voz baja me causaron ternura, ¿Quién diría que podría tener inseguridades de ese tipo?

—Recuerdas cuando hace un par de años, mientras Homura y Kiyo regresaban del pueblo por la tarde, y las intentaron raptar dos hombres. —Pregunte acaricié su cabello. —Ese día ambas se protegían cómo podía, nunca las entrenamos, así que para esos tipos fue muy fácil quitarles todo. Tú llegaste dónde ellas, golpeaste a los sujetos e incluso te contuviste de matarlos, solo para que las niñas no te vieran hacerlo. Las sacaste de haya y trabajaste muy dura por todo un mes, para subirles el ánimo y no te tuvieran miedo a ti y a ningún hombre. —Reí.

—Tuve que disfrazarme de payaso... Y gastar mucho dinero en dulces y obsequios. 

—Exacto. ¿Y crees que no eres un buen padre? —Bese su frente. 

Este solo apartó la mirada avergonzado, se había vuelto alguien muy sensible con los años, aunque ver estás faceta de él eran muy difícil fuera de la habitación. 

—Ya deberíamos dormir. Mañana vendrán a quedarse Uzui y sus esposas, y será muy cansador debido a sus bebés. 

—¿Ese tipo viene mañana? —Pregunto de mala gana. 

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