Sin palabras

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Si antes el castaño se sentía limitado en la casa donde antes se había hospedado tan solo una semana con todas las habitaciones para su uso personal, con una estantería llena de libros y suficiente alimento... Ahora no era capaz de encontrar la diferencia entre ser un sujeto de pruebas o, estar confinado indefinidamente en una celda de una prisión.

Harry le había prometido demasiadas cosas hasta ahora, y le había fallado una vez antes; pero estaba siendo comprensivo como nadie en el mundo podría hacerlo si estuviera en sus zapatos.

Todo por ese muchacho de ojos oscuros y tez clara, quién desde su confesión aún no podía enfrentarlo ni mirarle fijamente a la cara al hablar.

Peter tampoco podía hacerlo, por lo que esperaba que el pelinegro no fuera consciente de que sus nervios también hacían efecto sobre él.

-Buenas noches... -Saludó la voz que Peter no sabía si era correcto le provocara una extraña tranquilidad.

Se preocupó un poco, no debía porqué sentir aquello, su pecho no debería haber dado un vuelco al verle.

-¿Cómo estás? -preguntó con sencillez el contrario, Peter juntó ambas de sus cejas y se decidió a mirarlo.

-¿Cómo te parece que estoy? -Devolvió la pregunta con la poca paciencia que le quedaba en su cabeza como reserva ante la locura.

En aquel lugar no había más fuente de luz que la artificial, el aire acondicionado era sofocador y se sentía cautivo, sus fuerzas le habían abandonado y su intención de escuchar sin armar un alboroto lo que sea que Harry deseaba decirle se fueron por el caño inevitablemente.

Estaba demasiado enojado, que ni se molestó en ocultar su expresión molesta y... Dolida en el rostro.

En consecuencia, Harry se agachó sin poder encararlo por más que unos segundos. Gesto que había repetido seguido en los últimos días.- ¿Qué ha dicho tu padre? -Se decidió a preguntar sin suavizar el tono de su voz.

Al principio, en los días consecutivos a su retención en ese sitio; opuso resistencia a las cápsulas e inyecciones que el personal trató de suministrarle. Llegando a enfrentarse por horas contra varios grupos de personas que intentaban darle algún calmante y detener sus intentos de ir más allá de la puerta metálica y del extenso pasillo que parecía ser subterráneo, llevándolo a ser sedado para hacer de su trabajo más fácil de llevar a cabo.

Fueron varias las veces en las que Harry intervino para evitar que se excedieran con su cuerpo aún abatido por el cansancio de recibir la medicina que le ayudaba a detener la ocasional fiebre que se le presentaba cada vez más con mayor frecuencia.

Una vez que se le amordazó a una camilla en un intento de trasladarlo de base a una más preparada y con la instrumentación especial preparada, Harry había intervenido a tiempo y había conseguido alejarlos del cuarto empujando a las personas de bata blanca mientras trataba de ofrecerles disculpas y les pedía un poco más de tiempo para llegar a un acuerdo y evitar la violencia.

Luego de algunos golpes, ataques e intentos de fallidos de ganar su colaboración; finalmente no tuvo más opción que dejarse hacer.

Cada vez que el pelinegro interfería con los estudios de los científicos, volvía días siguientes con algún moretón fresco en las mejillas.

Peter podía reconocer lo que provocaba aquellos moretones, no era un tonto para no saber que quien los había provocado no era otro más que el progenitor del pelinegro.

Su rebelión significaba para Harry sufrimiento, y aún con lo que había hecho, Peter pensaba que no merecía pasar por ello, por lo que se había resignado a luchar.

Ese mocoso...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora