1- Hace un tiempo

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5 años antes

—Cuentame la historia otra ves Lucesilla— me pidió con voz cansada y ronca.

—Papá creo que es mejor que hagas lo que sugirió el médico—le respondo refiriéndome a que debe descansar.

—Por favor Emma.

Suspiro.

—De acuerdo— accedí finalmente, es como un niño pequeño (de 52 años)

—Bueno....—dije para comenzar con la historia favorita de mi padre, me la sé de memoria de tanto oírla en mi niñez.

»Cuenta la leyenda que, hace millones de años no existían las estrellas. Las noches llegaban acompañadas de oscuridad y penumbras, provocando que cada día a la hora que el sol se escondía las personas tuvieran que refugiarse en sus casas con miedo de la noche— me detuve pensando que me pediría que me detuviera, pero solo dij:

—Lucesilla no te detengas—me reprende.

Respiré hondo y proseguí.

—Pero, una noche luego de años de miedo y temor a la partida del sol, una Viajera comenzó a cantar bajo el inmenso cielo, cada noche estuvo regalando su voz por más de cinco décadas hasta que una noche las personas distinguieron una pequeña luz en el negro del cielo.

»Era hermosa, como si los dioses hubiesen premiado la perseverancia de la Viajera llenando de luz lo que antes era oscuridad, pero.... cuando las personas quisieron hablar con la Viajera ella había desaparecido...

—Y la leyenda cuenta.... que la viajera siguió su rumbo, llenando el cielo de estrellas y regalando su hermosa voz al mundo... —me interrumpe, mientras tose y toca mi mejilla —Desde la primera vez que te vi, en esa pequeña pantallita hace 16 años supe que eras el regalo de los dioses para tu madre y para mi... eres nuestra estrella, nuestra luz en un camino lleno de sombras.

Veo como su mirada se crispa de lagrimas y antes de que siga lo detengo.

—¡Ni lo pienses!— lo regaño.

¡No!

¡No va a despedirse!

—Sí, sé que el doctor Jones ha dicho que estabas empeorando, pero no vas a morir, deja de intentar despedirte.

—Emma por favor.... sólo escucha—me pidió.

«Aunque queremos que no nos separen Lucesilla debemos ser fuertes y realistas, llevo cuatro años en esta cama condenandolas a ti y a tu madre a cuidar de un viejo enfermo... y yo— suspiró— yo sólo quiero descansar, para poder verlas felices.

Negué con la cabeza y el dijo:

—Pero antes... de irme... tienes que prometerme algo Emma.

Con lágrimas en los ojos asiento aún mirándolo a los ojos.

—Dime.

—Promete que nunca nadie hará que te sientas menos especial... que te quiten tus sueños... que te hagan cambiar por dolor—tocó mi pecho y dijo—el corazón es el arma más dañina, pero también es una regalo, y tu hija mía debes entregar tu corazón a alguien que lo merezca... —tosió y preguntó—¿... me lo prometes?

—Te lo prometo Papá.

Con cuidado de no hacerle daño me acerco cuando me tiende sus brazos para acurrucarme contra el.

Me abraza para despedirse y aunque no quiera aceptarlo... así se siente.

—Te quiero Lucesilla —susurró en mi oído y luego, como si hubiesen estado esperando a que el se despidiera los aparatos conectados a él comenzaron a volverse locos.

A veces Donde viven las historias. Descúbrelo ahora