11- Primeras piezas Parte2

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Luego de observarnos las caras como dos estúpidos miro dentro de el agujero que se percibe y visualizo una caja de madera que saco con cuidado.

Sin mirar a Dean la curiosidad me gana y abro inmediatamente la caja encontrandome con una carpeta que tiene como nombre de identificación  "Sweilt".

Lo habro y noto varios papeles adjuntos a el archivo que hablaba sobre el mineral, encabezados de noticias  pertenecientes a un periódico, pero yo me centro primero en averiguar que demonios era Sweilt. El archivo no decía nada del otro mundo, sólo las propiedades físicas de el mineral y varias fotos de las minas.

Entonces Dean interrumpe la inspección...

—Quedan quince minutos para que pase la guardia otra vez Emma.

Lo miro aún con miles de preguntas en mi cabeza y con los escasos  (pero existentes) restos del alcohol en mi sistema.

—Bien, vamos a llevarnos esto—le aviso mientras dejó la baldosa que levantamos nuevamente en su lugar—y el mapa también.

Tomamos lo necesario y salimos de la habitación con mucho cuidado.

—¿Y ahora donde nos metemos?—pregunta Dean, que al parecer piensa que soy su guía turística o algo—te recuerdo que no podremos salir de aquí hasta mañana, y no tengo demasiadas ganas de volver a la fiesta en estos momentos.

Lo miro con mala cara y comienzo a buscar algo que recuerdo del museo que justo en este momento nos viene de maravilla caminando por los pasillos de los que tengo recuerdos vagos.

—Emma—llama mi atención el musculitos—¿acaso vas a seguir aquí metida toda la noche? Te recuerdo que todo esto—señala exageradamente con su mano libre todo a su alrededor—está prohibido.

—¿Nunca te ha llamado la atención las cosas prohibidas Wilson?—le pregunto con los ojos entrecerrados a lo que el se queda mirándome con desconcierto—sólo sígueme y cállate.

Cruzo un par de pasillos más sin el mínimo sigilo (no como el pingüino a mis espaldas) ya que sé que está parte queda sin la mínima custodia en las noches.

Recuerdo que al cumplir quince Martha y yo estábamos tan molestas con Dean por molestarnos diciendo que éramos muy infantiles que nos colamos aquí de noche para que se comiera el coco buscándonos y lo culparan por nuestro escape.

Sí, sé que no fue muy maduro, de hecho no fue para nada maduro, pero no nos juzgarían, Dean era un monstruo con nosotras. De hecho, mi relación con él es el perfecto ejemplo de que del odio al amor hay un paso muy pequeño, al igual que del amor al odio

Juntos hemos creado un bucle con esos dos sentimientos.

Volviendo de mi ida mental me doy cuenta de que estamos donde quería llegar y el imbécil me mira como si dijera "a saber cuantas veces has venido aquí".

No querrás saber esa respuesta Dean.

Camino hacia la adorada cama de plumas que siempre ha sido mi escape...

Cuando me peleaba con mis padres.

Cuando veía a Dean con otra chica.

Cuando sacaba malas notas.

Cuando me llegaba el periodo.

Miles de situaciones, misma solución.

Estarán diciendo ¿una cama?

Para responderles les contaré que este lugar no es sólo una pieza arquitectónica que el pueblo llenó de artilugios y utilizó para sacar beneficios totalmente económicos.

A veces Donde viven las historias. Descúbrelo ahora