CAPITULO 8: Tú, Yo y el Árbol.

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¿Qué tan difícil podía ser?

MinGi bufó ante el recuerdo de esa frase que él, tan ingenuamente, había pensado.

La realidad, es que ya había perdido la cuenta de las veces que había intentado subir el maldito árbol y aún no lo lograba.

El primer intento había sido el más decepcionante.

Se había parado con decisión frente el árbol, y con esa misma confianza tomó impulso y lo intentó. Sus manos habituadas a teclear y firmar documentos, se aferraron como pudieron a la rugosa corteza de la rama más cercana, sus dedos quejándose por el solo áspero contacto. Sus pies intentaron sin éxito aferrarse al tronco, las zapatillas con barro deslizándose patéticamente y él quedando como idiota, sin subir al árbol.

Con su ego en juego y una testarudez envidiable, lo intentó una vez más.

Y otra.

Al cuarto intento, ya tenía rasguños en las manos y una astilla en el dedo pulgar.

Al séptimo, ya había maldecido hasta en chino.

Pero no se rindió, no señor.

Y ahora, tomando aire para recuperarse del esfuerzo y el bochorno de sus fallos, MinGi miró hacia su objetivo una vez más. Sí, había perdido la cuenta del número de veces que había fallado, el tener la ropa prácticamente pegándose a la piel por el sudor sin ayudarlo, – por algo es que él compraba ropa de marca, hecha con fibras naturales y no sintéticas que se adhieren a su piel ante el mínimo esfuerzo-, pero, pese a todo eso MinGi continuaría. No se había rendido frente adversidades más grandes, donde millones estaban en juego, menos se iba a dejar vencer por un árbol. Peinando su rubio cabello hacia atrás, MinGi estaba listo para saltar una vez más. Subía ese árbol o YunHo bajaba. Cualquiera de las dos opciones que se diera primero, para él estaba bien.

YunHo por su parte lo observaba ceñudo desde las alturas.

Sentado desde hace varios minutos atrás en una gruesa rama del árbol, miraba uno tras otro los fallidos intentos de MinGi por trepar, el enojo en su interior sin haber aminorado ni un poco. Es más, tenía unas ganas enormes de tomar cualquier fruta y tirársela al otro para que dejara de insistir.

¿Es que acaso MinGi no entendía las indirectas, o qué?

Se había subido un árbol para evitarlo. ¡Un árbol! Hasta él se sentía idiota e infantil por haber tomado esa drástica medida, pero es que no le quedó de otra. MinGi lo seguía sin darle tregua y él no quería verlo, subir un árbol pareciéndole la mejor opción.

No pensó que MinGi intentaría seguirlo hasta allá arriba.

¡¿Por qué era tan obstinado?! ¿No conocía el darle espacio a alguien?

¡Argh!

Y por lo demás, seguía ofendido por lo que le había dicho.

¿Quién se creía que era para decirle que su estilo de vida necesitaba mejoras?

Como si fuera un conquistador en un nuevo mundo. Un ser supremo con su tecnología y lujos, mientras ellos era unos pobres aborígenes, sin techo. Lo cual, no eran. Tenían casas, tenían comida y comodidades básicas. No necesitaban más.

Una exclamación desde abajo, lo hizo salir de su enfurruñamiento para comprobar con hastío que MinGi al fin lo había logrado. Había logrado subir a una rama y estaba listo para empezar a trepar el resto.

Un escalofrío lo recorrió por su toda su columna.

Era la primera vez que se enfrentaba a alguien tan tenaz. Obstinado. Hostigador y cabezota.

Mi Isla, Mis Reglas [YunGi]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora