- Deja de mirarme así – pronunció huraño, incomodo también.
Y es que era difícil para YunHo no sentirse de esa forma, especialmente al intentar comer su cena con la fija mirada de MinGi en su persona. Tan profunda y penetrante, que lo hacía estremecerse. Le traía con demasiada vividez recuerdos de su noche juntos. Recuerdos que no deseaba enfrentar.
No aún.
Que MinGi hubiera abandonado la idea de construir su hotel hace un par de horas atrás, era una cosa. Otra muy distinta era la palpable atracción que se mantenía muy latente y presente entre ambos; si es que no había aumentado, ahora que no había pretextos para contenerla. Desde la primera vez que vio a MinGi, se enfundó bajo la gran excusa de que este era un peligro para la isla y que no era de confiar. Pero ahora, que el hotel había quedado arrimado y desestimado igual que un puñado de arena sin forma ni peso, no tenía argumento para protegerse.
De seguir negando lo que el inversionista le provocaba. También de continuar con su plan de echarlo de la isla, porque ahora estaba a salvo. A salvo del progreso.
El que no estaba a salvo ahora era él, y si era sincero, aún después de que MinGi le había asegurado que no tocaría ni un gramo de la isla, todavía no sabía cómo sentirse al respecto. Mucho menos como actuar frente a él. Algunos prejuicios estaban demasiado arraigados en su sistema para simplemente desecharlos en un abrir y cerrar de ojos.
Además, le parecía hipócrita saltar a los brazos del hombre solo por dejar su proyecto, cuando hace menos de veinticuatro horas atrás le había dicho que acostarse con él fue un error.
Algo que, por cierto, le carcomía la consciencia.
Por eso, que MinGi lo viera como si quisiera devorárselo, no lo estaba ayudando en nada.
No lo ayudaba con su deseo burbujeante y anhelante por el rubio. Tampoco, en ordenar su cabeza errática y sin norte. Y qué decir, sobre qué jodidos hacer.
Por su parte, MinGi terminó de masticar y tragar lo que tenía en su boca en total calma, sin siquiera verse cohibido por las palabras y miradita de advertencia que YunHo le daba. Notaba su enfurruño y hasta los atisbos de incomodidad cuando se removía en su asiento, pero, sinceramente, no podía evitar observarlo.
De hecho, se estaba controlando. Lo había hecho desde que habían llegado a la casa, YunHo dedicándose a preparar la cena, mientras que él mantuvo su trasero pegado al sofá, hojeando el mismo libro de tortugas que había encontrado el día anterior, para aparentar y sobre todo, evitar que su mirada cayera repetidamente en el isleño. También para mantener su imaginación bajo control y dejar de pensar todas las cosas pecaminosas que deseaba hacerle sobre la mesada, ahora que no había limitaciones entre ellos. Especialmente para demostrarle que él, no era un maldito error. No en la cama. Ni en la mesada u otro lugar.
Por esos mismos pensamientos, es que se mantuvo aferrado al libro, viendo la misma tortuga marina por veinte minutos y no le ofreció ayuda. No quería arriesgarse y caer en tentación.
Especialmente, porque percibía que YunHo no estaba listo para sus avances y aún necesitaba espacio. Él podría sentirse libre ante la ausencia del hotel, este sin ser una amenaza para sus intentos con el isleño; pero eso no significaba que YunHo pensara igual.
Por eso mismo se estaba conteniendo. Para no presionarlo.
Así que ahí estaba, solo observando como idiota. También apretando los palillos con fuerza para no estirarse por sobre la mesa y besar los labios fruncidos contrarios, perfectos para ser domados por los suyos.
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Mi Isla, Mis Reglas [YunGi]
FanficJeong YunHo ama la isla de Bonghwang. La protege como nadie, espantando a cualquiera que quiera dañarla, especialmente aquellos que quieren transformarla en alguna patraña turística. ¿Qué sucederá cuando los aires de progreso lleguen a la isla enfun...
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