CAPITULO 10: El Veneno Del Escorpión

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¿Hay alguien ahí?

Una pregunta inocente en un contexto nada inocente.

YunHo se sintió palidecer al oírlo, especialmente cuando escuchó el ruido característico de unas ramas meciéndose y alguien volviendo a hablar para verificar la presencia de personas. Como un resorte, YunHo se apartó de MinGi como si todo eso ni siquiera hubiera sucedido.

Como si no hubieran estado besándose -devorándose- segundos atrás.

Pero había sucedido y la mirada que le entregaba MinGi era tan feroz y primitiva, que no pudo evitar tragar en antelación. Casi más arrepentido de no poder seguir, que aliviado por ser interrumpido y salvarlo de hacer una locura.

MinGi por su parte estaba atontado. Las pocas neuronas que el calor no había alcanzado a rostizarle, habían terminado de ser fundidas por la pasión de YunHo, ese fuego abrasando todo.

Podía sacarlo de sus casillas y ser desesperante, joderlo de todas las formas posibles, pero, besarlo fue la mejor decisión que había tomado ese día. Y ver el resultado, era aún mejor. Las pupilas dilatas, el sonrojo adornando las mejillas, la respiración errática y los labios húmedos de YunHo, era la definición de la pasión, a MinGi pareciéndole en ese punto absurdas sus diferencias si se dejaban arrastrar por esa emoción errática en su pecho y sus ganas de volver a besarse.

Iba con esa intención, cuando YunHo desvió el rostro hacia a un lado. Eso lo descolocó por un segundo y creyó que lo estaba evitando, hasta que escuchó una vocecita desconocida.

Alguien les estaba hablando.

Con dificultad, MinGi parpadeó como si lo hubieran sacado de un sueño para...entrar a uno nuevo.

En serio, ¿qué le sucedía a esa gente con los árboles y su tendencia a subirlos?

Sintiéndose en una especie de país de las Maravillas – y casi temiendo haber comido bayas alucinógenas en el camino-, vio en la distancia a un chico flacucho y de pelo teñido colgar de una rama de un árbol antes de saltar la distancia que lo separaba del suelo con una experiencia y agilidad envidiable, MinGi recordando su triste intento hace varios minutos atrás, si es que no hace una hora, junto los inesperados resultados.

¿Quién era ese?

Y lo más importante, ¿Por qué los interrumpía?

Por un instante, el intruso le recordó a Meeko, el mapache de Pocahontas. En parte por su irritante e inesperada aparición. También por su sonrisa, una igual de maliciosa que la del animal, especialmente cuando esta se ensanchó.

- Perdón, no quise interrumpir – se excusó con malicia, el acento de la isla deslizándose por su boca, su rostro sin mostrar tal arrepentimiento. Es más, este se acercó, su expresión y acciones discordando con su decir.

Por un breve segundo, MinGi quiso hacer un comentario mordaz, pero se contuvo. Especialmente cuando sintió un movimiento incomodo contra suyo y recordó que seguían en la misma posición de un principio. No se estaban besando, pero su cuerpo seguía pegado como una lapa al de YunHo y este mantenía sus piernas muy firmemente amarradas alrededor de su cintura; aunque por su movimiento parecía querer bajarse y MinGi casi lo deja. Era lo más racional de hacer frente a un extraño, guardar las apariencias, separarse con movimientos incomodos y actuar que nada había sucedido. De negar lo obvio.

Pero no lo hizo. No se movió. No reaccionó, ni nada.

Porque el intruso era el otro. Él estaba demás. Él debería ser el que retrocediera y se esfumara por interrumpir su momento.

Mi Isla, Mis Reglas [YunGi]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora