1° Sin mirar atrás

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La brisa sofocante de Nevada me tiene hastiada, todo lo que tenga relación con este maldito lugar rodeado de desierto me está consumiendo y lo único que quiero es salir lo más rápido posible para no volver nunca más. No hay nada allí que me despierte la necesidad que quedarme, solo tengo amargos recuerdos que estoy dispuesta a ignorar para siempre en el momento en que ponga un pie en ese autobús que me está esperando.

—  Cariño, aun puedes aceptar quedarte conmigo — insiste la señora Norris con mirada suplicante. Esta mujer ha sido como una madre para mí, aunque parezca más como mi abuela, pero el gran corazón que tiene me ha permitido adorarla como a nadie jamás. Ha sido mi vecina durante toda mi vida y cada que mi padre se ausentaba por el juego, ella era la que se hacía cargo de mí. En cuanto mi padre murió me dijo que sin problema podía quedarme con ella, que solo seríamos ella y yo, pero... tuve que ser sincera y rechazar su oferta, porque Nevada no es la vida que quiero.

—  Ya hablamos de esto — suspiro, tomando mis maletas para dirigirme a mi nueva vida. — Nevada no es lugar para mí.

—  Tenía que volver a intentarlo — me mira con ternura antes de abrazarme con fuerza y darme una lonchera — te preparé algo para el viaje, puede que te de hambre y necesitas ahorrar lo más que puedas... vivir sola es algo difícil.

—  Señora Norris, no estaré sola — le aseguro — Tendré una compañera de dormitorio en el campus. — le recuerdo. Gracias al cielo mi padre fue ausente, pero un poco responsable y antes de morir me dejó un poco de dinero para mis estudios. Siempre he sido buena para la escuela y sobre todo siempre supe que debía tener las mejores calificaciones para ingresar a la universidad que yo quiera en cualquier parte del mundo que no sea Nevada. Tuve muchas opciones, y en varias fui aceptada pero por alguna razón elegí la universidad del estado de Illinois ¡Arriba los redbirds!, Como sea. Es más barata y hay oportunidades de empleos para universitarios cerca del campus... además los dormitorios compartidos no son tan caros, seguramente son una mierda, pero tendré que acostumbrarme.

—  Siempre que quieras volver a casa aquí estaré — dice con una sonrisa.

—  La adoro, pero ambas sabemos que eso jamás va a suceder — digo — Desde allá estaré al pendiente de la venta de la casa, entre más rápido salga, mucho mejor para mí. — ese dinero me vendrá bien para pagar la matrícula de la universidad y así solo tendría que encontrar un trabajo para gastos extras.

—  Bien, mi niña — me besa en la frente — sube a ese autobús antes de que te encadene — bromea haciéndome reír — y si necesitas algo, no dudes en llamarme.

—  Lo sé — le aseguro y vuelvo a sujetar bien mis maletas para ir hacia el chofer que espera en la puerta del autobús. — Buen día — lo saludo y asiente hacia mí, le doy mi boleto y lo sella antes de ayudarme con mis dos maletas previamente marcadas para guardarlas en donde va el equipaje.

—  Nos vamos en dos minutos — informa y le dedico una sonrisa, me giro hacia la señora Norris y escaneo nuevamente su rostro regordete y lleno de arrugas una vez más. Sus ojos grises están empañados en lágrimas, pero aun así me dedica una gran sonrisa.

—  Te quiero, Emily — me dice — ten buen viaje y disfruta de tu libertad.

—  Yo también te quiero — le aseguro y subo los escalones — Te llamaré siempre que pueda.

—  Esperare con ansias — asegura. Suspiro profundo y con esta despedida le pongo fin a mi tiempo en Nevada, y a todo aquello que solo me había estado sofocando durante dieciocho años de mi vida.

Es momento de que empiece de cero, sin todos los problemas que mi padre ha dejado atrás. Yo no necesito nada de eso, y muchas veces fui clara con él, pero se negaba a escucharme, nunca le importó si yo quería o no ir a esos casinos en las vegas, ni si quería o no aprender a jugar póker... su único amor sincero era el juego y nada más que eso.

Cara de Póquer Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora