19°El peso del pasado

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Jamás me había alegrado tanto de casi morir estrellada contra el pavimento, hasta que anoche casi muero estrellada contra el pavimento del callejón negro, pero al menos sirvió de algo bueno y es que Katie terminó de derrumbar los pequeños escombros que aún quedaban entre nosotras. Anoche me defendió de Elle porque en más de una ocasión intento empujarnos con todas las malas intenciones.

Después de esa carrera solo permanecimos poco tiempo más en la fiesta de Halloween, y por permanecer me refiero a que todos esperamos a que Lucien se fuera y cumpliera con el destierro que Kyle le impuso, y no solo a él, sino también a Elle.

Kyle me pidió disculpas por haberme metido en esa carrera, pero le deje en claro más de una vez que él no me obligó a nada. Yo elegí subir a la motocicleta y participar en esa carrera, sabiendo que era peligroso y que significaba problemas en letras mayúsculas y rojas, pero... no podía dejarlo solo en eso y además todos salimos ganando ya que nos pudimos librar de Lucien.

A la mañana siguiente despierto con el calor de Kyle abrazándome, este momento hace que todo lo de la noche anterior desaparezca y debo de volver a decir que me encanta despertar así... se siente tan bien...

Me giro sobre la cama para quedar frente a frente y subo mi pierna izquierda encima de él, mientras que con mi brazo izquierdo lo abrazo. — Buenos días — le digo cuando comienza a despertarse.

—  ¿Segura que no puedes mudarte? — pregunta antes de responder a mi saludo matutino, provocando que me eche a reír. — Todavía no termina el día y ya estoy de mal humor porque mañana no podré despertar contigo.

—  Me lo hubieras dicho antes de pagar adelantado — le digo con sarcasmo antes de darle un beso en la mejilla — está vez no quiero levantarme... — digo y me acomodo sobre su pecho, tomo una respiración profunda y  dejo salir el aire pacíficamente, pero... El timbre de la puerta principal suena tres veces haciéndome gruñir de fastidio. Sé que no es tan temprano que digamos, puede que sean las once o mediodía, pero aun así estaba disfrutando de una gran mañana a lado de mi novio y somos interrumpidos por alguien en la puerta.

—  Se cansará y se irá, quien quiera que sea — gruñe Kyle, pero la puerta vuelve a sonar.

—  Iré yo — le digo y trato de ponerme de pie, pero me lo impide haciendo que regrese a su lado.

—  Ya se irá — me asegura

—  Tal vez no — le digo entre risas — y tal vez si se vaya si salgo yo y les digo que ni tu ni Elliott están.

—  Es la última mañana contigo, no voy a dejar que un idiota lo arruine — resopla, negándose a dejarme levantar de la cama.

—  ¿Y si te digo que el fin de semana también me puedo quedar aquí? — pregunto con tono cómplice, logrando que me suelte

—  Anda ¿Qué esperas a abrir? — dice haciéndome reír a carcajadas. Salgo de la cama y me pongo las sandalias, esta vez sí llevo mi pijama puesta y no la ropa de Kyle. Abro la puerta de la habitación y salgo por el pasillo arrastrando los pies hasta la puerta principal, espero un poco para ver si ya se ha ido quien quiera que esté afuera pero la puerta vuelve a sonar, esta vez con golpes.

—  Ya voy — digo y abro la puerta de par en par. De pronto mi buen humor se va al caño. Me quedo petrificada ante la persona que tengo enfrente esbozando una sonrisa y con las manos cruzadas al frente. Lleva pantalón de vestir negro al igual que su camisa, los zapatos relucientes y dos cadenas de oro colgando en su pecho. No puedo ver sus ojos bajo las gafas de sol, pero puedo reconocerlo a la perfección, ese cabello rubio y esa sonrisa burlona no puedo confundirla con nadie más. — Charlie... — logro hablar.

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