22° Tu y yo contra el mundo

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De regreso en Illinois, Knox nos dejó en el departamento de Kyle y se despidió de nosotros, pero antes de eso, apartó a Kyle para poder hablar con él sobre quien sabe qué y si soy honesta no quise preguntar que le había dicho, ya que Kyle no mencionó nada al respecto, así que supuse que no quería hablar de ello.

En el momento en que cruzamos la entrada del departamento a mitad de la madrugada, Elliott y Rose se levantaron del sillón en el que habían estado esperando a por nosotros y nos preguntaron si todo había ido bien, pero les pedí que hasta que amaneciera les contaba todo lo sucedido porque en ese momento estaba demasiado cansada.

Ni siquiera fuimos capaces de poder cambiarnos de ropa, Kyle y yo nos quedamos profundamente dormidos con la misma ropa con la que estuvimos en las vegas. Al despertar al día siguiente una sensación de libertada y plenitud me invade el pecho, haciéndome esbozar una sonrisa. Kyle me mantiene pegada a su torso con ambos brazos rodeando mi cuerpo, y la verdad es que no me molesta, nunca me va a molestar... me encanta comenzar así el día, pero no dejaré que lo sepa porque estoy segura de que comenzara una mudanza de mis cosas hacia aquí en el momento preciso en que lo sepa.

—  Buenos días — le digo cuando lo siento moverse. Apoyo mi barbilla en su pecho y lo miro con la sonrisa en mi rostro.

—  Buenos días, preciosa — me devuelve la sonrisa y se inclina para besarme en la frente.

—  ¡Tortolos levanten sus traseros de la cama! — Elliott golpea la puerta de la habitación arruinando el pequeño momento. Kyle suelta un gruñido hastiado y decide ignorarlo, pero su mejor amigo parece estar empeñado en que nos levantemos porque vuelve a golpear la puerta — ¡El desayuno/comida se enfriará!

—  ¡Lárgate y deja de molestar o para la única cosa por la que me levantaré será para patearte el trasero por idiota! — amenaza Kyle, haciéndome reír. Elliott insiste en molestar a su amigo y abre la puerta sin permiso para asomarse.

—  ¿Cómo es que lo soportas? — me pregunta, pero antes de poder responder, Kyle toma la almohada bajo su cabeza y se la lanza a la cara.

—  ¡Largo!

—  Venga no seas tan cruel — le digo entre risas y me incorporo sobre mis rodillas en la cama.  — nos han preparado el desayuno — lo animo.

—  Primero... — me toma de la muñeca y me hace caer sobre su pecho — ¿Cómo estás? — me pregunta con el ceño fruncido y una de sus manos acariciando con suavidad mi mejilla para poner tras mi oreja un mechón de cabello.

—  De mejor humor que tú, por lo que vi — respondo en broma

—  ¿Quieres hablar? — pregunta y sacudo la cabeza para después darle un beso rápido.

—  Ya estoy bien — le aseguro — por primera vez desde que llegué a Illinois me siento yo misma... sin la carga sobre mis hombros, ni la necesidad de fingir para encajar.

—  De acuerdo — dice — ahora vayamos a desayunar para que pueda darle un puñetazo a Elliott por imbécil — resopla, adoptando la cara de chico malo que normalmente usa frente a otros... y ahora que lo analizo mejor, creo que esa es su cara de póquer.

—  ¿Juegas Póquer? — le pregunto arqueando mi ceja en modo analítico

—  Sí — responde — mi padre nos enseñó, y nosotros le enseñamos a Katie

—  ¿De verdad? — pregunto asombrada

—  Sí, creo que es una de las pocas cosas que nos mantienen unidos a todos — frunce los labios. Para él es una forma de convivir con sus hermanos, el póquer en su vida es un buen recuerdo de como su familia se reúne y juegan amistosamente para conversar, mientras que para mí fue un tormento y el inicio del fin para la única familia que tenía... no voy a negar en caso de una emergencia el póquer me ha ayudado a conseguir dinero fácil ya que nunca pierdo una partida a menos que sea a propósito, pero aun así cada vez que me siento alrededor de una mesa de póquer me invade un amargo sabor de boca al recordar cómo me llamaban en las vegas y de cómo mi padre se hizo conocido en esa ciudad... ahora también recordaré como Antony me ofreció la misma oferta que le ofreció a mi padre y me pondré a pensar en que habría hecho si nunca hubiese elegido venir a Illinois... si me hubiese quedado en Nevada muy probablemente hubiese aceptado y me hubiese hundido en el mismo pozo sin fondo que mi papá.

Cara de Póquer Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora