PLANES AZULES

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Habían pasado dos meses desde aquella visita a casa de Mateo. Si bien había sido la primera, no fue la última, ya que me ibamos dos veces a la semana, a estudiar para el examen a la universidad. Otras tantas tardes las pasabamos en mi casa, dónde le cocinaba gustosa.

También el tiempo nos había hecho más cercanos, ya no temiamos tomarnos de la mano en publico, los besos fuera de nuestros cuartos eran discretos y solían ser cuando estabamos solos, porque a Mateo no le gustaba que nos vieran siendo tan afectuosos. Pero tras las puertas de nuestras casas, pasabamos largas rondas de besos y caricias controladas en la cama, algo que ya no era suficiente. Necesitaba más. La pregunta era si Mateo sentía lo mismo que yo. Con él siempre era lo mismo. Nunca estaba segura de entenderlo, cuando lo creía, algo ocurría que me hacía replantearme todo. Pero aún así estaba feliz a su lado.

Esa tarde estabamos en la sala de mi casa estudiando para el examen a la universidad. Sentada en la alfombra con la espalda recargada en el sillón y Mateo con la cabeza sobre mis piernas. 

-Sino contestas bien está pregunta no hay beso.- Sentencié

-Adelante, cada vez escoges preguntas más sencillas.- Me dedico una sonrisa orgullosa

-Esta de verdad es dificil- espero a que hablara- ¿Cómo se llama el tratado que da fin a la segunda guerra mundial?

-Tratados de París, y el fin fue con la conferencia de Therán

-Vaya, pensé que no lo sabrías- Respindí con falsa desilución

-El premio era suficiente motivación- Se levanto y sentandose a mi lado y recorriendo con su pulgar mi labio inferior.

No pude con la tentación y termine besandolo suavemente. El beso se transformo en algo más feroz prontó. Me tomo de la cintura y me colocó a horcajadas sobre él. No era la primera vez que haciamos eso, me frotaba contra su prominente erección hasta que el me detenía. Pero en esta ocasión eso no ocurrio, sus manos comenzarón a acariciar mi piel por debajo del vestido que usaba, subiendo por mis muslos hasta la altura de mi sostén. 

El calor de sus manos se sentía increíble y me hacía querer cada vez más, lo insité a que continuara. Me recosto por completo en la alfombra, se colocó entre mis piernas y comenzó a besar mi cuello, una de sus manos masajeaba mi pecho, no pude evitar soltar un gemido.

-Lo siento, no podemos hacerlo.

Me dijo despues de dejar un beso tierno en mi cuello. 

-Pero yo si quiero estar contigo Mateo...

-No es que no quiera, sólo que no quiero que sea así. Quiero que sea algo lindo entre los dos.

-Creo que entiendo lo que dices. Yo también que sea especial.

-Sofí, estaba pensando en que fuera el día del viaje. Compartir habitación y esa noche, sin preocuparnos por que vengan tus padres...

-Es buena idea, podemos pasar todo el fin de semana juntos. 

-Claro, sin que nos separen. Hay que planearlo bien, tengo que comprar traje de baño nuevo...

-No me lo vas a hacer fácil estos días, ¿verdad?

-No, me gusta tentarte-

Mateo no respondió, me volvió a besar y se nos olvido el seguir estudiando para el examen.

Cinco cosas que odio de tiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora