El viaje 2da parte

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Tamara paso por nosotros en su camioneta para llevarnos al aereopuerto dónde nos reuniríamos con el resto de los que irían al viaje de generación. El vuelo duraría 3 horas y estaríamos en un hotel con playa privada, todo parecía ser un sueño.

Mis mejores amigas y nuestros novios en la playa. El calor apenas si me incomodaba. Mateo me había halagado más de una vez al verme en traj de baño e incluso lo habíamos convencido entre Leo y yo de jugar voleibol y nadar con el resto, en vez de quedarse en el camastro bajo la sombrilla.

Despues de cenar en el comedor del hotel Mateo y yo nos retiramosa nuestra habitación temprano. Esa fue una noche placentera, nos amamos, nos descubrimos, compartimos hasta quedar exaustos. 

A la mañana siguiente desayunamos con Tamara y Leo, quienes se veían incluso más enamorados que Mat y yo. 

El plan del día fue ir al recorrido ecoturistico que ofrecía el resort. Así que nadamos en un cenote, recorrimos la selva y comimos en una casita de una cocinera que nos ofrecio comida cálida y deliciosa. Al llegar al hotel lo primero que hice fue darme una ducha, mientras Mateo hablaba por teléfono. 

-¿Pasó algo?

-Hmp... no

-¿Sabes que cuentas conmigo, cierto?- No quise insitir más al ver su semblante serio, tan frío que me dieron escalofríos.

-Hmp... iré a ducharme, recuestate si quieres.

Se retiro sin si quiera mirarme, se me estrujo el corazón, pero había aprendido a que tenía que darle tiempo a Mateo para decirme las cosas. No quería arruinar lo bien que la estabamos pasando pelando con él.

 Me recosté en la gran cama que habíamos compartido y me quede dormida, hasta que me despertó el tacto de Mateo en mi muslo.

-Lo siento. Sabes que eres lo más importante para mí. Te amo. - Deposito un casto beso en mi frente

-Lo sé. ¿Quieres hablar?- Respondí medio somnolienta

-hmp... tengo otra cosa en mente ahora. 

Se colocó encima de mí y comenzó a besarme con insitencia, recorriendo mi piel con firmeza, para después recorrerme con los labios succionando la piel a veces. 

Esa noche lo sentí diferente, desesperado, ansioso. Algo no estaba bien, lo sabía. 

Pero preferí ignorarlo.


Cinco cosas que odio de tiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora