Narra Leo
—Oye tarado, ¿Pudiste hablar con Sofía? —Pegunté esperanzado aventándole el balón directo a la cara, cuando llegó a mi casa esperaba buenas noticias.
—No —Respondió deteniéndolo ágilmente, a veces odiaba esos reflejos felinos, pero eran útiles en la cancha.
—Idiota. Pero, ¿por qué no?, si te la llevaste a su casa, tuviste mucho tiempo para decirle. — Mateo sonaba demasiado decidido a declararse a Sofía, cuando me pidió ayuda para llevarla al estacionamiento.
—Hmp... no es tan fácil. Deberías entenderlo idiota. Tu tardaste años en declararte a Tamara y a ella la ves casi diario desde la primaria. Yo apenas he podido acercarme a ella. Y luego está el cabron ese que le habla por teléfono y le dice mi amor.
La mirada de mi amigo era de rabia contenida, estaba frustrado. Era la tercera vez que intentaba decirle a Sofía que estaba enamorado de ella. No le era fácil expresar sus sentimientos, pero lo estaba intentando. Y no lo iba a dejar solo.
—¿Xavier?, ¿Por eso viniste para acá? Idiota. Debiste haberte quedado con ella. Marcando tu territorio como buen macho alfa que eres. Debiste hablar para que Xavier supiera que estabas con ella. Tu estás en la misma ciudad que ella. Esa es mucha ventaja.
Sabía que necesitaba escuchar algo que sólo había pensado, pero por inseguridad no había hecho, necesitaba oír que a veces sus instintos tenían razón. Sino empezaba a escuchar esos instintos, seguiría en ese horrible punto muerto en el que se encontraba con Sofía.
—¿No crees que lo pensé tarado?, pero contesto la llamada tan alegre que sentí la batalla perdida. Aunque...
—¿Qué?
—Me alcanzó cuando salía de su casa, me dijo que mañana me apartaba mi lugar junto a ella. —Una sonrisa le cambio la expresión, me dio esperanza de que tal vez no todo estaba perdido.
—Genial, esa es buena señal.... Oye no, ya no voy a poderle susurrar cosas a Tamara en clase.
—Cómo si eso te fuera a detener a hablarle o a hablar en clase.
—Oye... Esta bien. Lo haré como un favor a ti, demostraré mi lealtad como buen amigo que soy, no como otros.
—Hmp... ¿Aún no lo olvidas?
—No.
—¿Cuántas veces tendré que disculparme por lo mismo?
—Hasta que me case.
—Eres un dramático. Pero está bien. Me seguiré disculpando contigo hasta que te cases, pero después de eso mi deuda contigo quedará saldada y no hablaremos más del tema.
—Tenemos un trato. —Le dedique una sonrisa triunfal, sabía que era de esas pocas victorias que podía restregarle en la cara, tal vez hasta que envejeciéramos.
—Hmp... ¿A veces me pregunto qué habré hecho para tener un amigo como tu? —Me dedico una sonrisa sincera.
—Principalmente evitar que me rompieran las costillas a patadas. —Bromeé.
Sabía que detrás de toda esa fachada de chico malo y frío que siempre intentaba mostrar, se encontraba un amigo leal que había sufrido mucho y temía ser lastimado de nuevo. Tenía un corazón noble que no le gustaba mostrar. Siempre me sentí afortunado que conmigo tuviese la confianza de mostrase tal cual era.
—¿Te conté que Sofía menciono los rumores de que tu y yo somos pareja en secreto?— Comentó divertido.
—¿Todavía sigue sonando ese rumor en los pasillos? Si fuera gay serías el último hombre en la tierra con el que tendría un romance. —Respondí indignado.
—Fue justo lo que le respondí. Que desde que estás con Tamara, he estado jugando más con los chicos del equipo en las horas muertas o en la biblioteca.
—¿Estas celoso?, Sabes que tu serás mi primer amor —Le mande un beso con la mano y le guiñe un ojo.
—Idiota— Me regreso el balón con más fuerza de la necesaria, pero alcance a atraparlo antes de que me diera en la cara.
—¿Mañana qué debería hacer? — preguntó recostado en mi cama mirando al techo— Debería de darle un regalo, o debería de hablar con ella y terminar con esto de una vez. Es frustrante.
—Pídelo... —Solté con una sonrisa maliciosa
—Me das miedo
—Dulcifícame tu voz... sólo pídemelo
Cerro los ojos. Sabía que lo estaba considerando. Tal vez ganaría también está batalla. No pude evitar ensanchar la sonrisa, podría demostrar mis talentos a mi mejor amigo y hacerlo feliz.
—Leonardo... —Tomo una bocanada de aire
—¿Sí?, Mateo — Le dije con mi mejor sonrisa.
—Tal vez me arrepienta de esto pero... Necesito tus servicios de cupido— Me miró con resignación.
—Claro amigo. Cuenta con que éste cupido no fallará.— Le aseguré
Por supuesto que no le fallaría a mi mejor amigo, a mi hermano. Yo había logrado unir a mis padres, que se amaban con locura. Mis servicios de cupido nunca fallaban.
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Cinco cosas que odio de ti
RomanceOdio su mirada fría; odio que siempre me dice molesta o fastidio; odio ese carraspeo de garganta que hace en vez de responder como una persona normal, odio que me lo encuentro hasta en la sopa, y lo que más odio es que me estoy enamorando de él. La...