Las drogas y la elegancia que tuvo para escapar del delirum tremens.

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Te das cuenta de que la realidad escuece cuando ni el relato más sucio de Bukowski te aísla. Kase O me rapea al oído sobre llevarme al sol, pero no estoy para seguirle el juego. Abandonaría si pudiera. Me abandonaría. Pero estoy demasiado alienada, alineada para eso. Yo tendría que haber vivido en Los Angeles en los 70. Pasarme el día borracha e ir a recitales de Bukowski, y tirármelo, y aparecer en Mujeres. Pero me ha tocado esto. Y me ha tocado tener conciencia. Tengo que ser una mujer de provecho y eso me aburre. Yo quiero consumirme en paz, encerrarme en una habitación con tabaco y alcohol y dejar que el tiempo corra, que la sangre corra. Me siento muerta en vida. En verdad estoy bastante más viva que hace un año, y mucho más muerta que hace dos. Igual es que romantizo la agonía, y veo bonito lo que en realidad es horrible. Tengo vocación e ideales, pero los cambiaría por poder vivir en la indiferencia, y me da asco. Pero seguiré luchando, lo sé. Si no me he matado ya no creo que lo haga nunca. Bukowski no se mató, eso sí que no lo entiendo. Supongo que aunque no le tengas cariño cuesta despegarse de la vida. Al fin y al cabo es lo único que tenemos. O a lo mejor son las drogas y la elegancia que tuvo para escapar del delirum tremens. O igual fue escribir. Yo intento escribir. A veces lo necesito y a veces me obligo. No sé contar historias, no sé por qué. Esto iba a ser un relato y mirad, no hay por donde cogerlo. Bah, esto se me pasa con un polvo o dos y una noche de fiesta. Creo. Espero.

Disturbios.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora