Capítulo Veintidós.

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—¿Como te encuentras? —Minho preguntó, llamando la atención de Christopher  para que tomara la pequeña taza en sus manos. La confusión se marcó en fruncidas cejas castañas, logrando que el menor de ellos sonriera—. Es té de tilo, pero no te preocupes, le puse manzanilla para que no se sienta el sabor, recuerdo que nunca te gustó demasiado. —se sentó en el sofá de tres cuerpos—. Te ayudará a dormir mejor, puedes usar una de las habitaciones de invitados si lo deseas.

Tomando su propia taza de la mesa, observó distraidamente al castaño mirar el líquido dentro del recipiente de porcelana—. Aun te gustan estas cosas, ¿no? —hizo un gesto a la taza—. Recuerdo que te encantaba cuando eramos adolescentes, solías saber para que era cada uno y cuando debía ser bebido. Aprendí mucho de tu obsesión.

—No es una obsesión, es un hobby.

—Un hobby bastante extraño.

Arqueó una de sus oscuras cejas—. Habló el que colecciona tarjetas de superheroes. porque, aun las tienes, ¿verdad? La piel bronceada se sonrojó repentinamente—. Oh, callate.

Minho abrió un poco más los ojos antes de reir suavemente gracias a la reacción—. ¿Aun las tienes?

—Talvez. —evadió.

—Mm, ¿que pensaría la gente si supiera que el gran Christopher  Bang , dueño de su propia exitosa empresa de construcción y celebre arquitecto, aun colecciona figuritas de Marvel?

—No son Marvel, son DC.

—¿Que diferencia hay?

—Que Marvel no tiene a Batman. —susurró.

Dandole una larga mirada seria, no logró suprimir la risa que escapó de sus labios—. Oh dios, no puedo creer que dijeras algo así. ¿Cuantos años tienes? ¿Cinco? —lo miró con un brillo divertido en sus ojos—. Esto tendría que ser algo de lo que la prensa se entere.

—Y lo próximo que sabrian es que vamos a extrañarte muchisimo —se acercó, inclinandose hasta que sus ojos quedaron a la misma altura, compartiendo la broma—. Porque si le dices a alguien, vendré por ti, morenito.

El reconocimiento ante esa palabra, una que el castaño siempre usaba para bromear con él, brilló en los ojos azules , la pregunta saliendo antes de que pudiera retenerla—. ¿Como piensas silenciarme entonces, niño rico?

—¿Dinero?

Media sonrisa—. Sabes que eso no funciona conmigo.

—Si, lo sé —se acercó un poco más, sus narices chocando—. ¿Que tal una caja de un exotico té?

—Mm, tentandor, pero todavia no es suficiente.

Rozó sus narices—. ¿Una enorme caja de chocolates?

—Sube la apuesta, bonito.

Sus labios se tocaron sútilmente—. ¿Un beso? —preguntó antes de acortar la distancia, dando lo ofrecido sin esperar una aceptación.

Minho habría pensado, que besar a Christopher  luego de doce años, se sentiría raro o de alguna forma, desconocido. Pero no era así, se sentía familiar. Conocía el sabor, la sensación y el calor proviniendo de la piel conectando con él, reconocía la forma en que se sentía ser besado por el castaño. La mano, el contacto en su mejilla de ese tacto cariñoso que hacia pequeñas caricias en su piel. La forma en que la gruesa sombra de barba raspaba en él, el suave ardor que eso producía al irritar tenuemente su piel.

Tu Mirada en Mi - Minchan Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora