Capítulo Veintitrés.

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Mordisqueándose el labio, Christopher  apoyó el hombro en el marco de la puerta y observó con media sonrisa curvando sus labios como Minho se movia alrededor de la cocina. Aun se sentía bastante adormilado, su cabello castaño apuntaba desprolijamente hacia todos los ángulos, y sus pantalones y camisa, una vez perfectamente planchados, ahora tenían arrugas por haber dormido con ellos puestos. Se había desvelado bastante la noche anterior, pero no se arrepentía, ya que se había acercado muchisimo a Minho y a sus hijos, lo cual deseaba más que nada.

Minho tampoco había dormido mucho, él había sido quién los había despertado, cuando se habían dormido en el sofá, y había enviado a los niños a su habitación y a Christopher  al dormitorio de invitados. Aun así, parecía estar bastante despierto mientras se movía alrededor, abriendo y cerrando muebles, preparando comida al parecer. El hecho de que llevaba el cabello húmedo y la unica prenda que vestía era un pantalon holgado, delatando el haber tomado una ducha, debía tener algo que ver con su estado atento.

—Me estoy sintiendo bastante acosado en este momento —Minho comentó de pronto, volteandose a mirarlo sobre el hombro—. ¿Dejarás de mirarme en algún momento?

—No, no sé si quiero dejar de hacerlo.

Rodando los ojos, el moreno se volteo, apoyandose en el borde de la mesa del fregadero—. Conseguí algo de ropa para ti —comentó, haciendo un gesto hacia la mesa, donde una bolsa verde se acomodaba—. Es de mi tienda, así que no hay un traje allí, pero supongo que es mejor a que alguien te vea saliendo de aquí con ropa arrugada, así comienzan los chismes.

Christopher  sonrió—. ¿Te molestaría eso?

—¿Lo qué? —abrió el refrigerador, aun mirandolo—. ¿Un rumor? Por si no te has percatado, no solo soy un diseñador, soy el diseñador, he vestido a varias celebridades ya, los periodistas suelen interesarse bastante cuando pasas demasiado tiempo en compania de un famoso.

—Eso no responde mi pregunta.

—¿Cual es tu pregunta exactamente? —preguntó, sacando algunos contenedores y dejandolos sobre la isla.

—¿Te molestaría que hubiese rumores sobre nosotros dos? —pronunció, asegurandose de hacer su pregunta claramente.

Minho se detuvo—. En realidad, no es a mi a quien debería preocuparle, mi reputación es bastante flexible —hizo un nuevo gesto a la bolsa sobre la mesa—. Revisa la ropa, puedo llamar para que envien otra cosa si no es de tu agrado.

Cediendo a la petición silenciosa del moreno para que dejara de presionar sobre lo mismo, Christopher  se acercó a la mesa y tomó la bolsa. En el interior, encontró una camisa blanca de tela suave, la cual parecía bastante basica hasta que la desdobló, elevando ambas cejas al ver una enredadera de rosas llenas de espinas en hilo negro y rojo que subía en zig zag entre los botones, la cual se podía apreciar perfectamente cuando los mismos estaban cerrados.

—¿En serio?

Minho se encogió de hombros cuando lo miró—. ¿Que? —exigió—. Al menos es una camisa, podría haber encargado una de mis sudaderas, tuve consideración con tu falta de buen gusto en la moda.

—¿Eso que quiere decir?

—Que te pongas la camisa más aburrida que he creado y no te quejes. —colocó una caja de jugo sobre la isla.

Escondiendo una sonrisa, dejó suavemente la camisa sobre la mesa y sacó lo siguiente, volviendo con un pantalon negro. No se sorprendió de que que fuesen jeans, Minho siempre había tenido amor por ese tipo de tela, pero el parche en la pierna derecha si logró sacudirlo.

Tu Mirada en Mi - Minchan Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora