Nodt suspiró al acercarse al aula de Inglés Antiguo. Llevaba un día de perros. Su vida debería ser genial. Tenía dinero a espuertas. Disfrutaba de todos los lujos habidos y por haber. No había ninguna cosa en el mundo que no pudiera obtener con solo pedirla.
De hecho, Jeff incluso había llevado a Britney Spears para que cantase en su vigésimo primer cumpleaños la primavera anterior. El único problema era que solo habían asistido sus guardaespaldas y él, además de Jeff, que había estado todo el rato revoloteando para que no se comiera la cabeza... ni se la abriera con algo.
Por no mencionar los tres millones de veces que le había pedido que le tirara los tejos a la cantante. O que como poco le pidiera matrimonio... proposición que ella había rechazado entre carcajadas que aún le resonaban en los oídos.
Lo único que deseaba era una vida normal. No, lo que más deseaba era ser libre. Y esas eran las dos únicas cosas que no podía conseguir.
Jeff no le permitía abandonar la casa sin sus perros falderos. Los únicos momentos en los que podía ir a cualquier lado era cuando Mew en persona, el líder de los Cazadores Oscuros, iba a buscarlo y lo acompañaba donde quisiera, aunque no le quitara los ojos de encima. Todos y cada uno de los miembros del Consejo de Escuderos estaban al tanto de que Nodt era el último descendiente del hermano de Jeff. Y como tal, lo protegían con más celo que al tesoro nacional.
Se sentía como un extraterrestre y lo único que deseaba era un sitio donde no fuera un bicho raro. Sin embargo era imposible. No había forma de escapar de su destino.
No había forma de escapar de lo que era... El último heredero.
Sin él y sus descendientes, Jeff estaría solo para toda la eternidad, ya que únicamente un humano nacido de su linaje podía recordarlo.
El único problema era que debía encontrar una madre para esos hijos, y ninguna quería presentarse voluntaria.
El rechazo de Belinda aún resonaba en sus oídos y eso que habían pasado diez minutos. «¿Salir contigo? Por favor... Llámame cuando crezcas y aprendas a vestirte bien.»
Apretó los dientes y trató de no pensar en sus crueles palabras. Se había puesto sus mejores chinos y un jersey azul marino solo para pedirle una cita. Pero sabía que no era muy elegante ni estaba en la onda.
Tenía la habilidad social de una ameba. La cara normal y corriente del vecino de al lado y la seguridad en sí mismo de un caracol.
Dios, era patético.
Hizo una pausa en la puerta de clase para observar a los dos Escuderos Theti que lo seguían a una distancia «discreta». Con poco más de treinta años, ambos medían más de un metro ochenta, tenían el pelo oscuro y lucían expresiones severas. Puesto que se los había asignado el Consejo de Escuderos, su único deber era protegerlo y asegurarse de que no le ocurría nada hasta que engendrara los hijos suficientes como para que Jeff estuviera bien contento.
Aunque tampoco corría mucho peligro a plena luz del día. En muy pocas ocasiones un doulos, un sirviente humano de los apolitas, atacaba a un escudero; de hecho, esos ataques eran tan excepcionales que saldrían en primera plana.
Tenía prohibido abandonar la propiedad de noche, a menos que tuviera una cita. Algo que parecía imposible después de que su primera y única novia lo dejara tirado.
Suspiró ante la mera idea de intentar que alguien saliera con él. Todas lo rechazarían en cuanto se enteraran de que debían someterse a un sinfín de análisis de sangre y de revisiones físicas.
Refunfuñó entre dientes.
Mientras estaba en clase, los Escuderos Theti montaban guardia junto a la puerta, detalle que aumentaba todavía más su fama de bicho raro por su naturaleza solitaria.
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05 JeffBarcode
FanfictionEl "solo, solin, solito" y el más buscado del condado. Alguien que salve a Nodt. »Resumen adentro.
