Capítulo 11

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Bank lo miró echando chispas por los ojos, presa de la indignación.

—Creo que la respuesta es bastante obvia. Estoy aquí, ¿no?

—¿Ah, sí? —preguntó Barcode, hirviendo de furia—. Cada vez que me doy la vuelta, me encuentro con que me persigue un daimon. Y todos los días descubro un hecho crucial sobre ti que, mira tú por dónde, has omitido durante los últimos... Déjame contar... ¡cinco años! ¿Cómo sé en quién debo confiar a estas alturas?

Bank adoptó una expresión dolida mientras se alejaba de él.

—No puedo creer que dudes de mí.

—Code...

—¡Déjate de Code por aquí y Code por allá, Gawin! —exclamó—. ¿Por qué no se te ocurrió decirme que seguías vivo? Una postal no te habría matado, sin ánimo de ofender...

Gawin le lanzó una mirada asesina.

—¡No te atrevas a hablarme así! Y mucho menos después de que tanto Krist como yo lo hayamos arriesgado todo por ti. En este preciso momento podrían estar matándolo mientras yo estoy aquí tan tranquilo.

El temblor que escuchó en la voz de su hermano le hizo recobrar la cordura y la calma.

—Lo siento, Gawin. Bank... es que estoy asustado.

Bank lo ayudó a ponerse en pie; pero en lugar de regresar a su asiento, se encaminó hacia el de Jeff, quien redujo la velocidad lo justo para permitirle sentarse en su regazo.

Al menos allí se sentía protegido. Seguro. Confiaba en él ciegamente.

—No te pasará nada, Barcode —le dijo con los labios enterrados en el pelo, por encima del rugido del motor.

Se acurrucó en su regazo y aspiró su cálido aroma. Se aferró a él mientras los conducía velozmente hacia un futuro que lo aterrorizaba.

 Se aferró a él mientras los conducía velozmente hacia un futuro que lo aterrorizaba

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El amanecer estaba cerca. Lo notaba mientras viajaban en silencio en el Land Rover de diseño modificado, sentado junto a Jeff. Él era inmune a los rayos del sol, pero sabía que ni Jeff ni su hermano lo eran. Nodt estaba dormido en el asiento trasero, sentado entre Bank y Gawin, con la cabeza apoyada en el hombro de Bank mientras este observaba el exterior con evidente nerviosismo.

Hacía algo más de una hora que habían abandonado el hidrodeslizador y en esos momentos viajaban en el todoterreno hacia un lugar que su hermano no había querido especificar. Se limitaba a darles las indicaciones pertinentes.

—¿Cuánto falta? —le preguntó.

—No mucho. —La incertidumbre que traslucía la voz de Gawin desmintió sus palabras. Tomó la mano de Jeff entre las suyas. Él le dio un reconfortante apretón, pero no dijo nada.

—¿Llegaremos antes de que salga el sol? —volvió a preguntar.

—Por los pelos. —Y después, entre dientes, escuchó que Gawin murmuraba—: Si es que llegamos…

05 JeffBarcodeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora