CAPITULO 9

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Y LO HIZO, aquella noche y todas las siguientes, y Win no pensó en ningún momento en rechazarlo.

Lo que compartían no dejaba lugar a falsos orgullos. Tal vez Bright hubiese utilizado tácticas poco ortodoxas para conseguir que Win fuese al yate con él, pero él quería estar allí. Lo deseaba y disfrutaba siendo el chico que era a su lado.

No se trataba de que él lo hubiese cambiado, sino, más bien, que con él se sentía más libre que nunca. No había juicios ni expectativas. Lo único que Bright le pedía era sinceridad y, a cambio, él también era brutalmente franco, tanto físicamente como cuando conversaban. Solo había una excepción: cuando hablaban de su pasado, aunque solo lo hiciesen en términos generales. Así que Win había aprendido a no sacar el tema, respetando su deseo de privacidad.

Se había trasladado de la habitación de invitados a la enorme suite de Bright, en la que había una cama enorme, y la más cómoda en la que Win había dormido jamás. O tal vez durmiese tan bien porque acababa agotado después de tanto ejercitarse y disfrutar con él.

Teniendo en cuenta que lo había considerado un hedonista perezoso, Bright tenía mucha energía. Y no solo para el sexo. Todos los días hacían excursiones. El día anterior habían estado en un templo hundido en el que Win no había estado antes. Y descubrirlo junto a él le había parecido especial. Después, habían cenado en la cubierta del yate y Bright lo había abrazado.

Y, por extraño que pareciese, Win había empezado a pensar que le gustaba Bright. Pero ya había pasado la mitad del mes que iban a estar juntos y él le había dejado claro desde el principio que, después, cada uno seguiría su camino.

Sin embargo, en esos momentos Win tenía la sensación de que cuatro semanas era muy poco tiempo. No se imaginaba volviendo a la isla, ni en otro trabajo de investigación. No se imaginaba no volver a ver a Bright nunca más.

Win cambió de postura en la cama, miró hacia el espacio vacío que había a su lado e intentó suprimir una punzada de decepción. «Lo vas a echar de menos cuando te marches. Ya lo estás echando de menos», pensó.

La vida sin él sería menos emocionante, menos placentera, menos... caliente.

Y no solo por el sexo, sino por los pequeños momentos que compartían, como una maravillosa puesta de sol, su debilidad por los dulces, o cuando hablaban de su sueño de trabajar de manera permanente en una reserva marina. Él lo escuchaba y lo comprendía.

Y a pesar de que Bright no hablaba mucho de él, en ocasiones le contaba algo acerca de sus negocios. Era evidente que delegaba gran parte del trabajo, pero también se pasaba muchas horas encerrado en su despacho. Suficientes como para que Win ya supiese a esas alturas que no era el playboy que él había pensado.

Lo conocía bien y, al mismo tiempo, todavía había muchas cosas que no sabía de él. Win salió de la cama. Era temprano, pero no podía dormir más.

Había sido un error acostumbrarse a dormir al lado de Bright. Sonrió. Tal vez pudiese convencerlo para que volviese a la cama.

Bright tiró con fuerza de los remos de una de las máquinas que tenía en el gimnasio, sabiendo que después de un buen rato se sentiría agotado. Se había despertado abrazado a Win y había estado a punto de despertarlo para tener sexo con él, pero entonces se había dado cuenta de que aquello estaba empezando a convertirse en un hábito, Win se estaba convirtiendo en una adicción.

Su relación se estaba empezando a complicar y él no quería relaciones complicadas ni compromisos emocionales.

–He pensado que te encontraría aquí.

Bright se quedó inmóvil, con el corazón acelerado, al ver entrar a Win descalzo en el gimnasio. Llevaba el pelo recogido y él pensó en soltárselo, aunque no fue el pelo lo que más llamó su atención. Vestía una camiseta muy corta, o tal vez fuese un croptop deportivo, y pantalones también cortos. Bright intentó contener la punzada de deseo mientras se inclinaba a tomar la toalla que había dejado cerca de la ventana.

PARAISO COMPARTIDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora