Promesa a un hijo

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Kisho y Sasuke llegaron a casa alrededor de las 11 p

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Kisho y Sasuke llegaron a casa alrededor de las 11 p.m. a casa, el menor estaba muy cansado que ya iba dormido en el auto, y su padre lo llevó en brazos hasta su cama, donde le quitó los zapatos y pantalón para que durmiera cómodo.

A la orilla de la cama, Uchiha miraba a su pequeño retoño dormir apaciblemente. Acarició su cabeza con cuidado para no despertarlo y una media sonrisa se dibujó en los labios del padre. ¿Quién diría que ese pequeño diablillo, que le causaba tantos dolores de cabeza, pudiera verse como un angelito al dormir?

—Una madre... —susurró.

Dio un resoplo y salió de la habitación ya cansado, tanto física como mentalmente. Cuidar de su hijo sin mucha ayuda de la servidumbre como él pretendía, y ser jefe de una empresa no era cosa fácil, menos aun cuando llevaba sobre sus hombros dos pesos encima: el rencor hacia ella y la carencia maternal de su primogénito.

Caminó por los pasillos para dirigirse a su habitación, y en el camino, inevitablemente pasó por enfrente del cuarto de Itachi. Frunció el ceño y llamó a la puerta. No hubo respuesta. Abrió para asomar el rostro y sí, lo que se temía, su hermano aún no había llegado... la pregunta que Sasuke se hizo fue ¿llegaría a dormir siquiera?

Pese al enfado que recorrió su cuerpo, el varón se controló para no cerrar de un azote la puerta. Enfadado, llegó a su habitación donde dio algunas vueltas caminando como león enjaulado, uno silencioso por cierto, pero no por eso menos feroz.

Despertó mal trecho en la cama, aún con la ropa de calle puesta y ni siquiera se había metido a las cobijas. Toda la noche estuvo esperando a su hermano hasta que se quedó dormido en quién sabe qué momento, pues al despertar, podría jurar que sólo cerró los ojos para descansarlos.

—¡Papi! —Llegó su hijo saltando en la cama, para después notar su ropa— ¿Dormiste así?

—¿Qué sucede?

—Es que tío Itachi no está y me prometió que hoy repasaríamos las cosas de mi fiesta.

Recordó la razón de que se hallara en ese estado. Se levantó de la cama y echó un vistazo a la habitación. No había evidencia de que su hermano hubiese llegado a dormir, y su mente comenzó a cavilar razones, todas tenían que ver con la madre biológica de su hijo.

—Lo llamaré —musitó conteniendo su enfado. Su niño lo miraba esperanzado cuando tomó el celular— ¿Dónde estás?

¿Preocupado? —No recibió respuesta— Lo siento, el tiempo pasa rápido cuando te diviertes —rió.

—Le prometiste algo a Kisho ¿vendrás?

No podría olvidarlo. Ya llego.

—No tardará en venir, mejor alístate —pidió Sasuke a su hijo tapando la bocina. Cuando su niño obedeció, volvió al teléfono— Comunícame con ella.

Lo siento, creo que no podrá atenderte, además ya estoy en camino a casa.

Sasuke ni siquiera se despidió ni prestó atención de sí su hermano deseaba decirle alguna otra cosa y colgó agresivamente.

Lejos de comportarse como bestia enjaulada tras la plática con su hermano mayor, Uchiha parecía actuar con normalidad, cualquier que lo viera podría apostar que encontraba serenos, pero una cosa son las apariencias y otro más son los hechos, pues a pesar de visualizarse en calma, no había habitación en la que entrara donde el ambiente se volvía pesado tan sólo por su presencia. Todos lo notaban excepto Kisho, quien no se acercó a su padre, pues este había pedido a una de las sirvientas lo ayudara a alistarte.

—¿No dormiste bien? —preguntó Itachi quien llegaba tranquilamente a casa.

—Necesito que me des su número de celular.

—¿De quién? —Preguntó ganándose una mirada fulminante de su hermano— ¡Ah! ¡Claro! —Sacó su celular y empezó a teclear— ¿Se puede saber para qué la quieres contactar?

—Sí tú no lo harás, espero que al menos ella entienda de razones.

—¿Sabes? Sí no te conociera, diría que estás celoso —entregó el aparato a Sasuke con el número en pantalla— Pero ¿qué sentimiento podrías tenerle a la madre de tu hijo? —cuestionó con ironía. Sasuke soltó un gruñido— Ahora que ha vuelto dudo que...

—¿Mi mamá? —Kisho había llegado silencioso— ¿Mamá volvió?

Los adultos miraron la emoción del niño. Ninguno de los dos quería decepcionarlo, pero el saber que su madre estaba cerca, bloqueó todo pensamiento hasta que Itachi recobró la cordura.

—Kisho...

—¿Veré a mi mamá? —interrumpió con más emoción.

—Lo siento Kisho, sólo hablábamos de ella y...

—¡Pero dijiste que había vuelto! ¿Dónde está mi mamá?

Itachi miró a su hermano y pese a no decirse nada, entendió que debía irse. Él no quería que su sobrino se enterara de la situación de esa forma, y se sentiría culpable si el pequeño se desilusionaba.

—Tú papá tiene algo que decirte —salió de la habitación.

—¿Cuándo voy a conocerla? —Preguntó cuándo se quedaron solos— ¿Podemos ir ahora?

Sasuke soltó un suspiro.

—No te lo dije antes porque no quería que te ilusionaras —se sentía basura al decirle aquellas palabras— Aún no es seguro pero quizá la conozcas muy pronto.

—¿Dónde está? ¿Ya hablaste con ella? ¿Por qué no me dejaste hablarle? ¿Por qué no es seguro que la conozca? ¿No quiere conocerme? ¿A caso ya no me quiere?

—Kisho... —no sabía cómo solucionar la situación sin lastimar a su hijo, especialmente cuando ni siquiera sabía sí Karin estaría dispuesta a hablar con el niño— Ella siempre te ha querido, es sólo que... aún no sabe si su jefe le permitirá venir a verte —se le rompió el corazón al verlo desilusionado— No pude hablar con ella, sólo me envió un mensaje.

—¿Y sí mejor me llevas a verla en lugar de mi fiesta? —los grandes ojos oscuros comenzaron a llenarse de lágrimas y Sasuke sólo pudo abrazar a su pequeño— Sí no puede venir, yo quiero ir.

—No llores. Esperemos noticias de ella —trataba de consolarlo sin mirarlo a los ojos— Sí dice que no vendrá, prometo llevarte con ella.

—Pero ya quiero conocerla —se separó de su papá para mirarlo. Él esquivó la mirada.

—Yo tengo trabajo y tenemos que avisarle a ella —no podía mirar a su hijo a los ojos— Ve con tu tío a confirmar las cosas de la fiesta.

—Pero...

—Sí viene, no se perderá de tu cumpleaños, querrá conocerte a ti y tus amigos.

—¿Y sí no viene? —preguntaba sollozando.

—Iremos con ella el fin de semana después de tu fiesta. Te lo prometo.

Padre solteroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora