CAPÍTULO TREINTA.
HORMIGAS Y PUMAS.
Es agosto.
Se acerca mi cumpleaños y por primera vez, tengo mucho miedo. Mucho.
Últimamente siento que me vigilan, que me siguen, me siento observado en cada momento del día. Sé que es paranoia, pero incluso cuando estoy con Jeno me siento nervioso, como si no pudiera protegerme.
Me siento estúpido al pensar que alguien debe protegerme, pero la gente quizá no entienda el miedo que tengo de vivir la vida. De estar solo. Mi miedo más grande es estar a oscuras o solo. Jeno jamás me deja solo y nunca apaga las luces del apartamento, eso siempre ha sido así, no solo ahora que se enteró.
Si cierro los ojos estando a solas, puedo sentir su respiración sobre mi piel e incluso puedo oír la forma en la que bufa mientras se mece sobre mí. Soy su presa favorita, y lo peor es que yo se lo he permitido...
Jeno ahora está más pendiente de mí. Está incapacitado por el tema de su yeso, deberá permanecer con él entre cuatro o cinco semanas. Llevábamos solamente tres. Aunque afortunadamente, el viernes fuimos a revisión y parece ser que lo del pie no es nada grave, solo un esguince o algo así. Debe tratar de no apoyar el pie lo más que pueda. Lo de la mano... Le dio puños a la pared, de frente con los nudillos, pudo incluso ser peor.
—Mira lo que compré, cielo —dijo alegremente él, caminando, sin su muleta.
Y yo también debo estar más al pendiente de él, es bastante necio e inquieto. Ni siquiera cuando éramos niños era así de inquieto.
No lo digo únicamente por la forma deliberada en la que intenta correr con Leben jugando a la pelota o que trata de levantarme del sillón como si su brazo no estuviera lastimado, no, Jeno últimamente... Se comporta diferente. A veces luce muy animado y enérgico. Otros días se ve como si todo le costara, se cansa caminando, se siente mal subiendo las escaleras, y cuando le pregunto lo que tiene, me contesta "Los efectos de ya no ir al gimnasio, mi ángel". Me miente, sé que me miente, incluso cuando lo hice prometer que trataríamos de no mentirnos.
Sé que me miente, porque renunció sin siquiera consultármelo. Un día se levantó, salió a desayunar según él con Su Ho, mi hermano mayor, y cuando volvió ya había renunciado. Lu me llamó como loco toda la tarde, pero Jeno no me permitió contestarle, no me lo prohibió o algo así, pero cada que el teléfono sonaba, él inmediatamente se ponía a hablar o a besarme, obvio, eso me distrae, siempre lo hice y siempre lo hará.
También sucede que su estado de ánimo varía mucho. Podemos estar sentados, mirándonos a los ojos, diciéndonos que nos amamos pero él de un breve segundo al otro, así como suena, tan rápido, puede empezar a llorar y pedirme perdón... Él se está culpando por algo que no cometió. Que si me hubiera retenido. Que si hubiera bajado conmigo. Que si me hubiera besado. Que si se hubiera despertado... Que si se hubiera acercado cuando creyó que le era infiel. La voz en su cabeza lo consume, y no sé cómo ayudarlo...
Entre otras cosas, luego de que mi padre, furioso, me destituyera, mi madre no ha vuelto a comunicarse conmigo, parece ser que solo tenía intenciones de que yo hiciera las cosas bien en la galería de su familia, no estaba interesada en tener contacto conmigo... Sin embargo, Suho vino al día siguiente de que eso pasara, y me dijo que lo mejor era que yo me mantuviera alejado de los negocios familiares, que él se haría cargo de eso y me mantendría informado al respecto. No quiero que me informe de nada, solo quiero paz. Si pudiera renunciar a toda la herencia, lo haría. Si pudiera irme lejos y quitarme el apellido para ser feliz, lo haría también. Claro, si Jeno va conmigo.
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Otoño. Vuelve a mí [Nomin] [Invierno].
RomanceAlguien con una sonrisa gentil y ojitos de media luna, nació en primavera, con el fin de marchitarse. Pero su hilo lo conectó con alguien más. Ese alguien de sonrisa amplia y ojos que brillaban como estrellas, nació en otoño, con el propósito de f...