La guerra con los dragones al fin había acabado, Elsa sintió que ya respiraba con tranquilidad. Estoico el Vasto, el jefe de la tribu, había prometido que ya jamás serían perturbados por esas bestias salvajes, que de ahora en adelante sólo habría pa...
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Elsa se encontraba acostada sobre la dura cama de madera, con su cabello enmarañado y en posición fetal, buscando darse calor.
Estaba soltando un débil bostezo hasta que, sin previo aviso, salió volando fuera de la cama, impulsada por la piedra gigante que cayó alado de la celda.
Lo primero que tocó el piso fue su brazo en una posiciónantinatural, que la paralizó al instante con la sensación de dolor más fuerte y asfixiante que había experimentado.
El muro que la aislaba del mundo sucumbió con la roca, los escombros llegaron hasta ella. El polvo se esparció en el aire, restando la poca visibilidad que le quedaba y haciendo que tosiera con fuerza.
Aspiró oxígeno desde la boca, abrumada por este repentino ataque y ante el ardor que le picaba detrás de la garganta.
Sí, las paredes habían caído, pero no podía salir sola.
La horrible pesadilla había cruzado la línea de la realidad, podía verla pasar frente a sus ojos. Y aún así no estar segura de poder reaccionar.
Finalmente, el momento había llegado.
—¡Elsa! —pudo procesar su nombre mencionado entre el mar de llanto y destrucción.
La rubia se incorporó a tropezones y comenzó a golpear la puerta con el brazo que aún se movía, —¡Papá, aquí estoy! —gritó, en un errático ritmo.
Tenía que hacerse notar, sería difícil para su padre inspeccionar pieza por pieza.
Otra piedra pareció sacudir la tierra, igualmente cerca de ella. Se estampó contra la madera que la aprisionaba. Un hilo de sangre bajó desde su ceja, resbalando con la similitudde una lágrima.
—¡Resiste, Elsa! —Agdar le indicó al otro lado de la puerta, a punto de blandir una hacha hacia el candado.
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Un rugido resonó sobre sus cabezas. La aldea estaba aterrada con el nuevo acontecimiento.
—¡Lo que nos faltaba! —gruñó Patán, batiendo su espada en el aire.
Un destello plateado recorrió el cielo, llamando la atención de los individuos que planeaban por encima de Berk.
Con esta distracción, las rocas dejaron de caer.
—¡La furia luminosa! —le señaló Hiccup a su padre, quien cargaba sobre sus hombros a personas inconscientes.
Agdar logró sacar a Elsa de la cárcel, huyendo hacia donde los demás corrían.
Temperance esquivó cada ataque, derribando a quienes se interponían en su camino. Exhaló grandes bocanadas de aire caliente con plasma, golpeando con brutalidad al enorme montón de depredadores que se echaron sobre ella.
Su tamaño había aumentado considerablemente en el tiempo que estuvo alejada de su compañera, y con ello sus instintos habían alcanzado su máximo crecimiento. Era veloz, inteligente y calculadora.