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Hiccup caminaba sin rumbo, hundido en el mar de pensamientos que se desataba en su psique

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Hiccup caminaba sin rumbo, hundido en el mar de pensamientos que se desataba en su psique.

Mantenía a cabeza baja y sus brazos cruzados contra su pecho, como forma de cubrirse del frío.

Y protegerse también, de los sentimientos que empezaban a desarrollarse dentro de él.

No estaba seguro si ir a la casa de Elsa podría ser lo correcto.

¿Qué le diría? ¿Qué podría hacer para ayudarla a aliviar su miedo? No estaba seguro, y tampoco quería ser una molestia para ella y para el señor Agdar en crisis como ésta.

Pero algo tenía que hacer. Así era como lo interpretaba. Porque no lograba descifrar la razón por la que sentía una inquietante necesidad de hacerle saber que no se encontraba sola, que él haría lo que estuviera en sus manos para que se sintiera segura.

Cuando se halló pensando en eso, instintivamente sacudió su cabeza, queriendo desvanecer esas ideas descabelladas.

No entendía de dónde sacaba tantas cosas raras y definitivamente no las quería en su vida. ¿Verdad?

—¿A dónde vas? —hablaron a sus espaldas.

Parpadeó un par de veces, saliendo repentinamente de su trance.

—¿Ah? —repitió, buscando el origen de esa voz.

—Atrás de ti, bobo —respondieron.

Se giró, topándose con la figura de una vikinga rubia que lo miraba con curiosidad mezclada de escepticismo.

—Hola Astrid, ¿qué haces aquí? —preguntó Hipo, con genuino interés.

Pronto la chica aceleró su paso, para estar a la par que el hijo del jefe.

—Lo mismo te pregunto —sonrió, esquivando la interrogante.

—Me sentía algo asfixiado, así que salí a tomar aire un rato, ¿y tú?

Al final le contestó: —Mi padre volvió a olvidar la comida en la hoguera, toda mi casa apesta a pescado quemado, tuvimos que salir de ahí antes de que nos matara el humo —Hipo se rió en bajito, ella le propinó un pequeño golpe en el brazo como forma de reprenderlo.

Los dos se quedaron en silencio por unos minutos. Hasta que Astrid se animó a preguntar: —Ibas con ella, ¿verdad?

El castaño se volteó a verla, y juntó sus cejas, confuso. Hasta que pudo entender a quién se refería. Se sonrojó, volviendo la mirada al frente.

—Pensaba hacerlo, pero no sé si sea prudente —confesó, chistando con la lengua.

La vikinga rodó los ojos, luciendo fastidiada.

—Aún sostengo que ella oculta algo, no debes de fiarte —confesó.

—¿Todavía sospechas de Elsa? —Hipo la miró con incredulidad.

Touching the stars | PARTE IHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora