9

552 80 10
                                        


—Te juro que creí que era un dragón —gritaba Patán, luciendo desesperado ante el hecho de que nadie tomaba en serio sus palabras

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

—Te juro que creí que era un dragón —gritaba Patán, luciendo desesperado ante el hecho de que nadie tomaba en serio sus palabras.

—¡Eres un lengua larga! —le dijo Brutacio, mientras que su gemela reía burlona.

—Ya nadie cree nada de lo que dices, Patán —comentó Astrid, cruzándose de brazos negando con desaprobación.

—Ésta vez admito que me equivoqué pero eso no significa que las veces anteriores fueran equivocaciones también —todos voltearon a verlo, con sonrisas burlonas y miradas de incredulidad.

No le creían en lo absoluto.

Hipo sólo reía por la situación en la que el fornido chico se metió, dándole un bocado a su pieza de pollo asado.

Todos bajaron la voz cuando vieron una silueta azul acercarse a la fogata.

El ojiverde volteó a ver, y sonrió.

Elsa, que aún estaba muy insegura de estar ahí, caminó a ellos a pasos lentos.

—Buenas noches a todos —susurró ella, ondeando su mano en el aire como saludo.

—Hola... —los otros le respondieron extrañados. A excepción de Astrid, que mantenía su semblante frío.

—Ven, siéntate —Hiccup tiró a quién sabe dónde el hueso del pollo y palmeó el tronco que estaba a su lado, indicándole que ese era el lugar ideal para ella.

No sería buena idea si se plantaba en medio de los gemelos, o alado del creído de Patán.

—¿A qué debemos tu visita? No me digas que los peces huyeron —pronto Patapez empezó a pensar en lo peor, por lo que Elsa tuvo que intervenir.

—¡No, no, no! Nada de eso. Yo fui invitada y... —rió avergonzada, sin encontrar las palabras adecuadas para justificar su presencia ahí.

—Vino porque yo se lo pedí —dijo Hiccup, todos le prestaron atención.

—¿Y a qué? Digo, si se puede saber —la rubia vikinga se notaba mínimamente interesada, su único objetivo era hacer que esa pescadora se alejara de ellos.

—Entrenará con nosotros —el ojiverde sabía las intenciones de Astrid, por lo que contraatacó de forma pasiva.

—¡¿Qué?! —quienes estaban ahí pegaron grito al cielo.

—¡En serio! ¡Woah, jamás creí que este momento llegaría! ¡Elsa, matando a un dragón, woah! —el regordete joven ilusionado, brincoteaba de aquí para allá. Todos (menos Hiccup, obvio) sabían el enorme crush que tenía con la extranjera y no les sorprendía su actitud.

—Creí que no te gustaba ser cazadora de dragones —comentó Brutilda, cruzándose de brazos.

—No me gusta... —susurró. Sentía mucha pena y presión, más con la penetrante mirada de cierta persona.

Touching the stars | PARTE IHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora