5

674 84 11
                                        


Estaba acostada sobre su cama, viendo al techo pero sin prestarle atención

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Estaba acostada sobre su cama, viendo al techo pero sin prestarle atención. Absorta totalmente en sus pensamientos.

El jefe, Estoico el Vasto, iba a matarla cuando se enterara que ella rescató (sin querer) al huevo del dragón más peligroso —según ellos— de todos.

¿Cómo les explicaría a todos que fue un malentendido, que creyó que era una roca exótica y se la llevó a casa para agregarla a su extraña colección? (aunque su excusa fuese mentira).

Tanto tiempo bajando la cabeza para no ser el tema en la boca de todos, tanto tiempo que se evitó problemas como para que ahora este huevo de "furia luminosa" viniera a arruinarle la vida.

Exhaló con cansancio.

No, el huevo no era responsable de lo que a Elsa le pasara. Tenía que hacerse cargo de las consecuencias, de las decisiones que ella, y únicamente ella, tomó.

Y una de esas consecuencias era confesarse. Era claro que tenía que saber su papá a qué se enfrentaba, pero no tenía las agallas de hacerlo, ni el corazón. Su padre ya cargaba con tanta preocupación y dolor desde que su madre murió, no quería agregarle más penas por culpa de su curiosidad.

Debía encontrar la forma de deshacerse del huevo. Era la única salida para evitar un terrible desenlace.

Se cubrió la cara con la cobija.

Tampoco podía hacerlo, procesando la información que Estoico mencionó, los Furia Luminosa estaban hechos para ser el alfa, y que gracias a eso son presa de muchísimos dragones más. Era contradictorio con lo que se pensaba, ¿qué acaso entre dragones no se ayudaban?

Podía entender que hay casos aislados, que comprendiendo su naturaleza hostil y la forma en la que se desenvuelven, deban protegerse de los depredadores. ¿Pero qué peligro podría representar un dragón tan pequeño como lo es un furia?

Estaba consciente que el tamaño seguía siendo grande tomando como base la altura y anchura de un vikingo, pero alado de otros dragones era simplemente pequeño, débil.

Esta narrativa la encontró gracioso, ya que eso mismo pensaban los demás de ella, tan delgada, tan pequeña a comparación de los demás adolescentes berkianos, Elsa era la débil de la comunidad.

Hasta que no lo fue.

Se sentó en la orilla de su cama, determinada a encontrar la verdadera razón por la que la especie de ese huevo tenían la muerte asegurada. Había algo más escondido en su misterioso origen, y Estoico debía saberlo.

¿Hipo también?

[...]

—Buenos días padre, ¿cómo se sientes hoy? —le preguntó Elsa cuando lo vio sentado en el comedor, arreglando unas trampas.

Touching the stars | PARTE IHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora