Capitulo 34 - Confesion

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Narrador

Ahora Lusilda estaba sola, se dedicaba a mantener su hogar en el mejor estado y a que todo fuera “perfecto”. La ausencia de su hija no hizo que se descuidara ni a ella ni a su casa. Eventualmente iba al salón de belleza y luego se dirigia a la policía para saber como iba el caso pero siempre volvía sin respuestas. Sus amigas la visitaban de vez en cuando y no dejaban de hacer preguntas sobre el secuestro y a pesar de que era incómodo ella prefería estar así acompañada que sola.

Un viernes por la tarde limpiaba la cocina mientras cocinaba asado negro. El timbre comenzó a sonar y la puerta se abrió apareciendo Joan en la sala.

- ¡Lusilda!  - grita a viva voz.

Lusilda se sobresalta y sale corriendo a su encuentro muy emocionada. Hace tres semanas que no sabía de el y verlo era algo maravilloso para ella, que estaba sola.

- ¡Mi amor! Que bueno que llegaras - dijo abrazandolo fuertemente - Me has hecho tanta falta, mi amor.

- Disculpa por irme, pero no soportaba que desconfiaras de mi. Pero bueno - dijo y se sento - aqui estoy.

- Y me alegra que asi sea. - Lusilda también se sento.

- ¿Acaso estas sola? - preguntó aunque sabia bien la respuesta

- Si - su rostro se torno triste - descubri que Noah y Sasha tenían un romance y los eché de mi casa.

-Wuao... quien diria ¿no?

Lusilda solo asintió y volvió a ver a su esposo.

- ¿Vienes con hambre?

- Si, bastante y huele delicioso - contesto entusiasmado.

Ambos se pusieron de pie y caminaron de la mano a la cocina.

- Siempre te luces con la comida amor.

Lusilda no respondió, sirvió la comida pero ella no comió en ese momento solo se limito a observarlo comer.  Ella aún no se fiaba en el, pero debía hacerle creer que confiaba ciegamente en el.

- ¿Te ha gustado?

- Pues claro, como siempre.

Lusilda lo dejo solo y subió a su habitación. Tenia un plan. Seducirlo, hacer el amor con el y luego sacarle toda la información posible. Esperaba con ansias lograrlo. Se vistió con su mejor ropa interior y se coloco una sexy pijama, se solto el cabello y aplicó labial en sus labios. Dejo la puerta entre abierta y con una pose sexy se dispuso a esperar a su “amado”

- Lusilda - llamo Joan en voz baja - ¿Dónde estas?

Se quedo boquiabierto al ver a su esposa en esas condiciones y por supuesto estaba dispuesto a todo con ella.

- Te estaba esperando - contesto seductoramente.

Joan se dirigió a la cama y tomo en sus brazos a su mujer. Entre besos y caricias ambos perdieron el control, Joan estaba a la merced de Lusilda quien sabia como manipular a su esposo.

- AAAH - Gimio Lusilda.

Se tumbo al lado de Joan quien acababa de tener un gran orgasmo.

- Mi amor, por esto y mas te extrañaba- beso su mejilla.

Lusilda solo se dedico a verlo y detallar su mirada. En pocos minutos ya estaba dormido y era el momento perfecto para hacer investigaciones.

Busco entre su ropa algo, pero no encontro nada y su telefono tenía una gran clave.

- Maldición - dijo al notarlo. Suspiro resignada y volvió a la cama con Joan. También se quedo dormida.

- Lusilda, Lusilda - la despertó Joan - amor, tengo que irme.

- ¿Cómo? Pero si acabas de llegar.
- Tengo trabajo pendiente, disculpame.

Lusilda se sento en el borde de la cama y segundos despues se puso de pie.

- Dejame ir por café, asi te iras activo - bajo rápidamente y pronto volvió con una taza de café.

Joan estaba ya casi listo, sentando en el borde de la cama y cuando Lusilda entro suspiro fuerte

- ¿Pasa algo? - preguntó y le entregó la taza

- Si - dijo viendo fijo a la ventana y con un zapato en la mano - ya no aguanto.

- ¿Cómo? - se sento igual Lusilda

- Ya no aguanto guardar tantos secretos... y quiero antes de irme que sepas toda la verdad. - su rostro se palidecio y bajo la vista al suelo.

- Explicate.

- Yo se quién y por quien tienen a Miranda.

- ¡¿Cómo!? - exclamo Lusilda

- Por favor, no te alteres y jurame que no le diras a la policia... eso seria perjudicial para la niña.

- Esta bien, lo juro pero habla ya - dijo desesperada.

- Yo... yo me dedico al narcotráfico de drogas desde hace 10 años - Joan no dejaba de ver el suelo - y me vi involucrado en un crimen hace al menos 7 años, cuando aun Miranda era una niña.

La mandíbula de Lusilda casi llega al suelo, estaba en shock total. Sabia que Joan ocultaba algo, pero no algo tan grave.

- Pero... - dijo apenas pudo hablar - ¿Si tu eres mas bueno que un pan? No entiendo.

- No, no, no Lusilda - dijo y se puso de pie - yo no soy bueno en lo absoluto.

- ¿Pero que tiene que ver mi niña con tus crimenes? - las lagrimas comenzaban a caer, ya era incontrolable.

- Nada, ella ni siquiera sabe de esto. Pero el crimen en el que me vi envuelto es un asesinato y...

- ¡Qué! Un.. Maldición eres un asesino.- grito Lusilda

- No, yo no lo mate. Yo contrate a alguien para que lo hiciera - explicó Joan desesperadamente tratando de excusarse - asumo que lo que ocurre es una venganza, que por eso se llevaron a mi hija.

Lusilda caminaba por toda la habitación, mirando a la nada y tratando de asimilar

- ¿¡Como has podido!? ¿¡Me has estado engañado toda mi vida a mi y tu hija!? ¡Eres de lo peor, la peor cosa que me ha pasado!- grito llorando.

- Por favor Lusilda, entiendeme.

- ¿¡Qué!? - grito y acto seguido solto una carcajada, llena de ironia y dolor. - No me hagas reir, sinico... ¿qué quieres que entienda, ah? ¿qué mientras yo criaba a mi hija sola, tu estabas narcotraficando, destruyendo a quien sabe que? Mi hija no tuvo una infancia normal y ¿sabes por que? ¡Por ti!

Joan la observaba, nervioso.

- Quiero que te vayas ¡Ya!  - dijo Lusilda señalando la puerta.

Joan se puso de pie y camino despacio hasta la puerta de la habitacion. Intento tomarla de la mano, pero ella inmediatamente la retiro.

- Perdoname, aún sigo amandote a ti y a nuestra hija.- dijo con la voz hecha un hilo.

- Vete - respondio sin verlo a la cara.

- Prometeme que no le diras a la policia, seria perjudicial para la niña.

- ¡Largate! - grito Lusilda con la paciencia colmada.

Joan bajo las escaleras, mientras Lusilda observaba desde arriba. Vio como tomo su bolso personal y dandole una mirada de arrepentimiento salio, dejándola sola. De nuevo.

Su corazón se quebro en mil pedazos, miles de ellos. Recostandose de la pared, golpeo su cabeza un par de veces intentando olvidar el dolor en su pecho.

- ¿Cómo pudiste Joan? ¿Cómo? - se preguntaba para ella misma entre lágrimas.

Necesitaba llorar, gritar, golpear, hacer todo para sentirse mejor. Pero nada era mas grande que su desesperación.

Sindrome de EstocolmoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora