Hermione
La señora Weasley nos despertó pronto, en realidad, no hacia galta salir tan pronto; pero, conociendo a los Weasley, te das cuenta que con tanto hermanos ningun tiempo es suficiente. De alguna manera siempre terminas llegando tarde a todos lados.
Me desperté con energía, a pesar de haber dormido menos de 6 horas.
Cogí la ropa que había preparado la noche anterior para ponerme y me dirigí al cuarto de baño. Me di una ducha rápida y me vestí, evitando mirarme al espejo.
Volví a la habitación. Ginny seguía en la cama, al fijarme mejor me di cuenta de que se había vuelto a dormir.
¿En serio Ginny?
Me acerqué a su cama para despertarla. La moví ligeramente... Nada, ni un gruñido. La moví algo más fuerte... Absolutamente nada.
Si hubiera un terremoto Ginny seguiría durmiendo.
– ¡Ginny! Despierta.
Soltó un gruñido a la vez que movía su brazo hacia su cara. Se froto los ojos y, con los ojos entornados, se levantó lentamente.
Fuí hacia mi maleta. La abrí y metí el pijama ya doblado. Luego hice mi cama.
Ginny había conseguido cambiarse sin volverse a dormir, cosa que me sorprendió.
– ¿Vamos a desayunar? – le pregunté.
Soltó otro gruñido que interpreté como un sí.
Salí por la puerta con ella detrás. Me hacía mucha gracia ver como bajaba a trompicones por las escaleras. Abajo solo estaban Molly y el señor Weasley.
– Buenos días chicas. – saludo la señora Weasley.
– Buenos días señora Weasley. – Respondí.
Sinceramente Molly siempre me ha dado un poco de miedo, sobretodo desde el año pasado cuando se "enfadó" conmigo por lo que había escrito Rita Skiters.
Creo que nunca le caí bien; aunque, al menos, me trataba mejor que a Fleur.
El desayuno ya estaba en la mesa así que nos sentamos a desayunar.
– Sabes, ayer en la tienda de escobas... – Empezó a hablar Ginny.
Ya despertó.
No es que me moleste que hable tanto, en mi amiga y la quiero así; pero, a veces esta bien un poco de tranquilidad.
Después de un rato aparecieron los gemelos y, después Harry y Ron.
Una vez todos estábamos desayunando, la señora Weasley aprovechó para hacer una pregunta general:
– ¿Nerviosos por el inicio de curso?
Se formó un pequeño barullo cuando todos respondimos a la vez.
– vale, vale, vale, de uno en uno. Harry, empiezas tú.
– Un poco, sobretodo por los timos.
– Ron. – señaló la señora Weasley, dando a entrenar que era su turno.
– Lo mismo que Harry – habló el pelirrojo, aunque casi no se le entendiera por tener la boca llena.
– Bien. Ginny.
– Ñe. – Respondió alzando los hombros.
La señora Weasley resopló.
– Hermione.
– sí que estoy un poco nerviosa, pero no creo que pueda pasar algo peor que el año pasado. A no ser que suspenda algún timo.
– Fred, George.
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Como la odio
RomanceHay una enorme frontera entre el odio y la amistad; pero, entre el amor y el odio, esa frontera se reduce a una estrecha línea marcada en la arena con un palo. Y que, cuando sube la marea puede desaparecer por completo. Pansy desarrolla una especie...
