Pansy
Después de cambiarnos tuvimos que esperar otros veinte minutos hasta llegar a la estación de tren.
El viaje se me había pasado sorprendentemente rápido.
De repente me di cuenta...
Volvemos a Howarts.
Para mí, ir a Howarts era lo mejor de mi vida. Era donde estaban mis amigos, donde me sentía importante, admirada...
No como en casa.
A pesar de las clases, siempre amaba volver a Howarts, volver a mi hogar, con mi familia de verdad.
Todo allí era más fácil, mejor, más mágico.
Allí era la princesa de slytherin, deseada, poderosa, perfecta.
Me encantaba ser el centro de atención.
En Howarts, también me sentía mas libre, podía ser yo misma, no tenía que... Reprimirme, mentir. Podía... Ser... Abiertamente lesbiana.
Pude notar como una sonrisa se dibujaba en mi rostro.
Cuando el tren paró cogimos nuestras maletas, pero no salimos del compartimento.
Todos los años esperábamos un poco a que la mayoría de la gente salga y, así, no quedar sepultados bajo la avalancha de cientos de alumnos que intentan salir primero.
Aunque el tren tuviera dos puertas, no era suficiente para que los alumnos salieran sin formar un tapón.
Cuando ya solo quedaban menos de un cuarto de alumnos en el tren, abrimos la puerta para salir.
Todos caminamos por el tren, hablando animadamente. Llegamos a la salida mas cercana y salimos sin mayor problema. Casi no nos cruzamos con nadie.
Los de primero ya se estaban marchando hacia el lago cuando salimos.
Caminamos por el sendero hasta los carruajes.
Me acordé de la primera vez que había visto a los zesdrals. Fue en cuarto año, después de las vacaciones de navidad, después de que mi madre muriera.
Me acuerdo que me asusté mucho. Sabía que algo tiraba de los carruajes, Theo me lo había dicho, también me había dicho que no eran exactamente agradables a la vista; pero, no esperaba que fueran así.
Al final acabé acostumbrándome, hasta creo que son bonitos.
Estábamos ya subidos al carruaje cuando me di cuenta que no tenía mi anillo. Revisé en mis bolsillos, pero nada.
Joder, joder, joder.
No podía perder ese anillo, era de mi madre.
Supongo que mi preocupación era notoria porque Daphne se acercó a mi y habló:
– ¿Pans? – La miré a los ojos.
Noté como un nudo se formaba en mi garganta y como mis ojos se empezaban a humedecer.
– Pans, ¿Que pasa? – Preguntó preocupada
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Como la odio
RomanceHay una enorme frontera entre el odio y la amistad; pero, entre el amor y el odio, esa frontera se reduce a una estrecha línea marcada en la arena con un palo. Y que, cuando sube la marea puede desaparecer por completo. Pansy desarrolla una especie...
