¿Vandalismo?

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Hermione

Caminaba por el castillo, dirección al gran comedor. Mis amigos conversaban entre ellos, mientras yo me hallaba perdida en mis pensamientos. Pensaba en Párkinson, en el carruaje, antes de la cena. Ella me había pedido perdón y podía jurar que realmente lo sentía. Ese momento se repetía en mi cabeza, "perdón" había dicho la serpiente. Me pareció que, tras pronunciar esas palabras, en los ojos de Párkinson se podía distinguir una ligera sorpresa, como si ni ella misma se esperara eso. Por mi cabeza también rondaba la actitud de Párkinson en la clase de pociones, seguía siendo altiva y molesta, pero no había intentado herir mis sentimientos en ningún momento, no había atacado mis inseguridades, ¡ni siquiera me había insultado! Sin duda algo raro le pasaba a Párkinson.

- Hermione, ¿Escuchaste algo de lo que dije? - Me preguntó Harry.

No, absolutamente nada.

- Perdón, Harry, ¿Que decías? - Le di pie a repetir sus palabras.

- Estaba diciendo que Seamus me dijo, que un chica le dijo que los de Ravenclaw van a hacer una fiesta para celebrar el inicio de curso. - Por alguna razón sus palabras me trajeron recuerdos de tercer año. - y que todos estamos invitados.

- ¿Una fiesta? - Pregunté no muy convencida.

- Una celebración, - Acotó Ginny, quien estaba visiblemente emocionado por la noticia. - por el inicio de curso.

- Más como un consuelo - Dijo Ron por lo bajo, el inicio de las clases no le emocionaba demasiado.

- No lo veo chicos - Las fiestas no eran mi estilo, demasiado irresponsable.

- Será algo relajado. - Afirmo la menor de los Weasley.

- Vamos Hermione. - Suplicó Ron.

Nos paramos en medio del pasillo. En los ojos de la pelirroja había un brillo, ella estaba deseando que dijera que sí. Miré a Harry. En su rostro una sonrisa amable me rogaba asistir a esa fiesta.
Luego estaba Ron, que me miraba, espectante por mi respuesta. Bajo tanta presión, mi firme decisión de no asistir, flaqueó. Suspiré.

- Esta bien. - Cedí finalmente. Mis amigos estallaron en emoción. Ginny me abrazó efusivamente, soltando un chillido. Harry soltó el aire que, aparentemente, había estado conteniendo y luego sonrió, radiante. Ron, por otra parte, cerró los puños y profirió un sonoro "Vamos", acto seguido se giro hacia Harry y lo abrazó como si hubieran ganado la final de quiditch.

Que exagerados.

. . .

Acababa de empezar el curso, pero yo ya tenía resumidas las próximas tres clase de historia de la magia. Ahora me disponía a resumir la cuarta clase. Estaba en la sala común de Griffindor, sentada en una de las butacas. Tenía la libreta apoyada sobre mis piernas. La sala común estaba prácticamente vacia, la mayoría de alumnos se encontraban deambulando por el castillo o en sus dormitorios, a nadie le gusta quedarse el primer día de curso encerrado en su sala común, bueno, menos a mí, claro. Harry y Ron estaban en el gran comedor, probablemente jugando ajedrez. Los pocos alumnos que había en la sala común charlaban entre ellos, lo suficientemente bajo para que me pudiera concentrar.

Durante el día mis amigos no habían perdido la oportunidad de preguntarme sobre la noche anterior, puesto que estaban realmente preocupados: durante la comida, por la mañana, en el cambio de clase... Ginny había llegado incluso a irrumpir en mi dormitorio para hacerme un improvisado interrogatorio. Yo, cada vez, le quitaba importancia a lo sucedido, evitando contárselo. Mis palabras no les convencían en lo absoluto; aunque, uno por uno, se había rendido, dejando de preguntarme. El primero en rendirse fue Harry, que pareció entender que, por mucho que lo intentara, no conseguiría respuesta alguna. Ron fue el siguiente, quien había llegado a enfadarse un poco por las insistentes negativas que le ofrecía en respuesta. La más perseverante fue Ginny, quien sospechaba que aún no se había rendido realmente, solo se estaba tomando un descanso. Ginny era alguien muy terca, que, según como lo mires, puede llegar a ser una virtud, por ejemplo en los deportes su perseverancia la hacía destacar sobre el resto; pero, si era tu amiga y quería que le contaras algo llegaba a ser una maldición. Me obligué a volver a concentrarme en los resúmenes, si seguía así acabaría atrasandome. Historia de la magia era, sin duda, una de las clases más odiadas por los alumnos, en cambio era una de las que a mí más me interesaban. Al ser hija de Mugles, antes de asistir a Howarts no tenía ni idea del mundo mágico ni de su existencia, así que, al descubrir este nuevo mundo tan alejado de mi anterior vida, me propuse aprender todo sobre él, y sigo queriendo hacerlo. Por eso esta clase me generaba tanto interes.

Como la odioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora